El Texto de Textos nos revela en Isaías 40:22. “Él está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores son como langostas; él extiende los cielos como una cortina, los despliega como una tienda para morar. 23 El convierte en nada a los poderosos, y a los que gobiernan la tierra hace como cosa vana”.

Al hablar de movimiento entendemos que algo se traslada, se muda, por lo que deberíamos asimilar que todo en el universo gira alrededor de un eje: el Creador. Nuestro planeta lo hace alrededor de sí mismo, lo que traducimos en una secuencia de veinticuatro horas hasta que este da esa vuelta por completo. Mitad del tiempo aproximadamente que reconocemos como día y luego como noche en donde la luna nos refleja dichos rayos solares. Tiempo que se suma con que la tierra le da la vuelta al sol durante un año.

A esos movimientos los reconocemos como rotación y traslación, el primero es cotidiano mientras que la traslación es el que tiene un tiempo de duración de un año. Pero con todo y aceptar ello no logramos comprender que la velocidad a la que se da ese giro supera los mil setecientos kilómetros por hora, algo más rápido que el vuelo de un avión comercial y que no percibimos ya que todo encaja en una perfecta simetría que tarde o temprano nos denota que existe una correspondencia exacta en tamaño, forma y posición de las partes de todo nuestro sistema y lógicamente de este magnifico universo.

Todo se articula y complementa con dichos movimientos elípticos en donde el eje de la tierra se inclina generando con su rotación y traslación producto que la luz del sol alcanza la superficie de la tierra en ángulos distintos el nacimiento a fenómenos que reconocemos como el solsticio de verano que provoca días más largos en donde parece que el sol se detuviera o el de invierno en donde las noches son más largas, procesos que como equinoccio que se presenta al inicio del otoño y de la primavera cuando el sol está más cercano al ecuador que nos demuestran que hacemos parte de ese todo.

Son movimientos de los que hacemos parte y que afectan nuestros seres y que nos incitan en su todo a retornar a nuestro estado original en donde fluimos y vibramos armónicamente con toda la Creación, de lo contrario la materia de la que hacemos parte con nuestro cuerpo, vivirá en continua confrontación con sus entornos, esos que llaman nuestra atención para que nos movamos conforme a dichas frecuencias de la luz divina.

Desde esa mirada debemos buscar que cada uno de nuestros movimientos conscientes se articulen a dicha movilidad universal así como cada ciclo renovador para que nuestros conteos y sus reinicios nos aporten con sus estaciones y diferentes fenómenos un giro diario para estar más cerca del Creador y sus propósitos.

 

El Texto de Textos nos revela en Romanos 10:17,así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra del Creador. 18 Pero digo: ¿No han oído? Antes bien, por toda la tierra ha salido la voz de ellos, y hasta los fines de la tierra sus palabras. 19 También digo: ¿No ha conocido esto Israel? Primeramente Moisés dice: yo os provocaré a celos con un pueblo que no es pueblo; con pueblo insensato os provocaré a ira. 20 E Isaías dice resueltamente: fui hallado de los que no me buscaban; me manifesté a los que no preguntaban por mí”.

 

Oremos para que cada giro del sol sea una oportunidad para reiniciar y a la vez saldar cuentas pendientes.