Uno de nuestros errores más comunes es querer cambios en los demás incluso a la fuerza, cuando lo que debemos hacer es acompañar a esos seres queridos intentando que ellos mismos descubran sus errores y una vez lo hagan, si empezar la transformación de aquellos hábitos que nos pueden hacer recaer en esas mismas equivocaciones. Incluso en ocasiones nos equivocamos pensando que son los demás los que deben cambiar cuando somos nosotros los que generamos ese tipo de comportamientos en ellos, por lo tanto, lo ideal es tener la paciencia y prudencia suficiente para ayudar a esos seres en el momento justo y que ellos comprendan que sus actuaciones deben ser transformadas.

Una perla cotidiana de Lewis asegura que, “la tarea del educador moderno no es podar selvas sino regar los desiertos”.

Cuentan que cuando el director de la cárcel observó como uno de sus guardias quiso ayudarle a cambiar a uno de los criminales más peligrosos que allí se encontraban y sin embargo este solamente le rechazaba y se burlaba de él, llamó a este y con una comparación un poco déspota y cruel le dijo: – nunca luches con un cerdo en busca de mantenerlo limpio ya que aunque ambos se ensuciaran solo el cerdo lo disfrutara.

Y es que aunque pueda parecer esta expresión bastante dura para tratar a cualquier ser humano sirve de analogía para comprender que hay personas que disfrutan de ser como son y aunque nos propongamos ayudarles solo lograremos cambios el día que ellos se den cuenta que están equivocados y por ende estén dispuestos ojala con nuestra ayuda a transformar todo aquello que antes no querían cambiar.

El Texto de Textos nos revela en Isaías 44:22, “Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras….

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!