El Texto de Textos nos revela en II de Crónicas 34:31, “Y estando el rey en pie en su sitio, hizo delante de Jehová pacto de caminar en pos de Jehová y de guardar sus mandamientos, sus testimonios y sus estatutos, con todo su corazón y con toda su alma, poniendo por obra las palabras del pacto que estaban escritas en aquel libro”.

Cientos de personas buscan una pureza espiritual que podríamos entender todos como una búsqueda de integrarnos al Creador renovando a diario nuestras mentes como de alguna manera nos lo enseñan nuestras propias células corporales. Se trata de buscar distanciarnos más de lo material y acercarnos a la Luz espiritual, esa que a cada instante nos invita a dejar a un lado todo lo que nos contamina y distancia de Él. También de dejar atrás todo lo negativo y darle la bienvenida al amor, ese vinculo que simboliza todo lo que necesitamos para nuestras coexistencias.

Se sabe que como seres humanos tenemos un cuerpo, una mente, un alma y todo ello se conecta al Espíritu del Creador en nuestro templo o cuerpo en pro de reconectarnos y relacionarnos con la Creación para lo cual se requiere tener Fe en Jesucristo. Esa que no solo se denota orando sino también en nuestras acciones al homologarlas a los mandatos divinos, dejándonos guiar por el Espíritu Santo quien a su vez nutre y toca nuestra alma interconectándose internamente con todo nuestro ser a través de la mente, los sentimientos y emociones para relacionarnos armónicamente con el mundo en el cual interactuamos.

Lo que nos puede indicar que si estamos buscando ser cada vez más puros y perfectos debemos renovarnos o sea pensar, decir, sentir y actuar de tal forma que todo lo que nos rodea se contagie del amor celestial, sin importar si esa espiritualidad esta fusionada con sensaciones reproducidas por música, aromas, colores, imágenes fascinantes u otro tipo de energías que con o sin luminosidad perceptible deben incitarnos simplemente a ser personas más integradas al Creador y su obra.

Por lo que no estamos hablando de religiosidad, sino de que incluso como flores de loto sumidos en sociedades en donde la espiritualidad se confunde con ritos y mitos que nos seducen a través de velas, olores y todo tipo de inciensos, el poder transformarnos hasta alejarnos de rendir tributo a todo tipo de deidades y nos permitamos ir mucho más allá de esos senderos buscando renovarnos, purificando nuestros seres a través de la oración, logrando así estar acordes a los propósitos y mandatos divinos.

Si asimilamos esta idea de purificación o renovación permanente debemos entender que no se trata de no degustar de la vida, como tampoco de no superar nuestras vicisitudes, como sí de comprender que nuestra alma eterna se transforma y gracias a ello, se debe reintegrar a cada instante como nuestras células contagiando así nuestras mentes con ese fluir para ya no ser guiados por una serie de visiones incoherentes que no nos permiten siquiera entender lo que significa vivir para el Creador.

El Texto de Textos nos revela en Efesios 4:22, “en cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24 y vestíos del nuevo hombre, creado según el Creador en la justicia y santidad de la verdad”.

Oremos para purificarnos y renovarnos a diario con la guía del Espíritu Santo.