Regularmente oímos las experiencias de otros pero no las escuchamos tal vez porque suponemos que ello no nos va a pasar a nosotros o que dichas personas se equivocaron o vivieron eso porque no tenían las mismas capacidades nuestras, obviando que quizá ellas también supusieron como nosotros que esas circunstancias desafortunadas nunca les acontecerían, de allí la importancia de asumir cada enseñanza ajena como algo propio que nos puede suceder atendiendo las recomendaciones de quienes en su momento no quisieron escuchar y ahora nos están comentando sus vivencias para que nosotros y otros no caigamos en los mismos errores.

Una perla cotidiana de Isaac Asimov nos comenta: “un sutil pensamiento erróneo puede dar lugar a una indagación fructífera que revela verdades de gran valor”.

Cuentan que quienes conocen el rio Volga a las afueras de la ciudad de Volgogrado en Rusia saben de los peligros de este, ya que a menos de un kilometro de distancia de dicha ciudad los remolinos hacen que hasta el nadador más experimentado ponga en riesgo su vida, por lo que quienes no escuchan las voces de la experiencia y se someten a estos riesgos casi invisibles regularmente perecen.

Se nos reitera continuamente que el que no oye consejos no llega a viejo y es que algunas personas creen que las experiencias de terceros no son válidas al punto que descalifican estas cuando deberíamos no solo atenderlas sino a la vez sopesarlas con nuestras propias realidades, ya que gracias a dichas lecciones seguramente podríamos evitar grandes lesiones para nuestras coexistencias.

El Texto de Textos nos revela en Proverbios 3:7, “no seas sabio en tu propia opinión; teme al Creador, y apártate del mal; porque será medicina a tu cuerpo, y refrigerio para tus huesos”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!