El Texto de Textos nos revela en Isaías 48:3, “ lo que pasó, ya antes lo dije, y de mi boca salió; lo publiqué, lo hice pronto, y fue realidad. Por cuanto conozco que eres duro, y barra de hierro tu cerviz, y tu frente de bronce, te lo dije ya hace tiempo; antes que sucediera te lo advertí, para que no dijeras: Mi ídolo lo hizo, mis imágenes de escultura y de fundición mandaron estas cosas”.

A partir del mandamiento, que es haga la luz, se removió la oscuridad, lo que implica que los luminosos cuerpos celestiales fueron creados después, denotándonos que la luz primaria que dio forma al mismo universo fue la del Creador, esencia de nuestra espiritualidad. Energía que sin embargo tiene apartes de esa oscuridad material carente aparentemente de espiritualidad que debe ser corregida y remediada gracias a la imagen del Creador, esa de la que no tenemos información pero que nos conforma.

El concepto de forma nos presenta a la vez la visión de una imagen, de una figura, de un símbolo que constituido por la luz o energía se hace realidad al armonizarse proporcionalmente con otras partículas, esas que partiendo del movimiento dan vida incluso vida a nuestras palabras. Por ello el concepto de información como tal nos invita a entrar en esas formas, a ser parte de esa imagen, de la luz Creadora para que integrados a ella la unicidad del Creador toque nuestras coexistencias.

Desde esa renovada mirada es posible que le encontremos un nuevo significado a todo aquello que antes apreciábamos como deformado, debido no solo a las palabras sesgadas con que interpretamos nuestras vidas, sino a la oscuridad en la que cohabitamos. Formación que debe ser guiada por el Espíritu Santo que a través de la oración consolida esas energías divinas y sus destellos para que nuestra estática material no conforme otro tipo de imaginarios que nos mantengan más que a oscuras.

Somos seres de interrelaciones, creados a partir del movimiento de esa energía, y aunque nuestros conceptos pecaminosos son ilusiones mentales que se forman gracias a que rescatamos a través de nuestro lenguaje apartes de la Palabra Creadora es el momento de trasformar nuestras costumbres y creencias que están separadas de la luz del Creador y acercándonos al único molde que nos debe formar e informar incluso desde el mundo de nuestros imaginarios, permitirnos que Él nos ajuste a esa su imagen y semejanza.

Como fragmentos dinámicos estamos envueltos en una alucinación de comprender nuestras existencias desde otras perspectivas por lo cual debemos quedarnos en un mundo exterior de esquemas cuasi estáticos, sin forma, que por ser solo reproducciones imaginarias de nuestros engaños nos distraen de lo verdadero. Nada existe fijo dentro de ese gran vacío, porque la propia existencia de nosotros implica que todo se mueva, lo que se traduce en direccionar nuestras formas hacia el Creador.

El Texto de Textos nos revela en Lucas 12:37, “bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles”.

Oremos para que cada acción tenga una reacción espiritual.