El Texto de Textos nos revela en Esdras 8:23, “así que ayunamos y oramos a nuestro Creador pidiéndole su protección, y él nos escuchó”.

En este mundo en donde proliferan los deseos, el no satisfacernos con ellos parece ser símbolo de aflicción, lo que quizá implica otra dificultad para entender en ejercicios sanos cómo el ayuno, en donde se relaciona esa vulnerabilidad y fragilidad de nuestras vidas con la necesidad de depender de la nutrición integral de nuestro Creador. Fuerza que nos hace sentirnos parte y por ende útiles, obviando un poco que dentro de la dimensión del consumo y las pasiones solo nos llenamos de más y nuevas insatisfacciones.

El pueblo judío por ejemplo celebra el ayuno de Asara Betevet, o el diez de Tevet como una fecha en donde además de conmemorar el sitio de Jerusalén en el año 425 a.C. por medio de Nabucodonosor, Rey de Babilonia, el cual terminó treinta meses después en la destrucción del primer Templo de Jerusalén, seguida por 70 años del exilio babilónico, pretende aminorar esa dependencia a lo material gracias a este tipo de reflexiones.

Ayuno que comienza cuando sube el alba y termina la noche denotando la salida de las estrellas simbolizándonos así una herramienta que de alguna forma acerca nuestro retorno al Creador. De lo contrario seguir dejando que todo gire en torno a nuestros egos y todos los deseos que de allí se desprenden, solo hace que nos distanciemos más y más del plano espiritual para dejarnos regir bajo unas normas contradictorias que simplemente nos convierten en esclavos de dichos placeres.

Ayunar nos invita a repensar si dicho cuerpo de deseos predomina o si podemos vincularnos a través de él al Espíritu Santo distanciándonos así de tantos intereses personales como de todo lo que nos une a esos objetivos mercantiles que vemos como comunes pero que realmente son individuales y egoístas. El ayuno acompañado de oración nos debe ayudar además a pensar en el por qué y para qué de la vida, en esa búsqueda de acercarnos y unirnos con el próximo como también con el Creador.

Por ello el ayunar, acompañado de las plegarias y lecturas bíblicas especiales del día, nos sirve también para realinear nuestra atención hacia el Espíritu y sus senderos altruistas. Y aunque supongamos que coexistimos en un ambiente espiritual vale la pena cuestionarnos más a diario en la búsqueda de convertirnos en seres integrales de esos que saben que sus causas principales les llevan como humanos a dejar a un lado ese sometimiento y dependencia de lo material para que sea el reino de lo Espiritual nuestro gran propósito.

El Texto de Textos nos revela en Romanos 10:11, “Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.12 Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; 13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”.

Oremos para que nuestros ayunos nos inciten a desear menos y servir más.