Estamos llenos de maravillosas responsabilidades que solo denotan que tenemos una gran capacidad para hacer y para ser, las cuales no debemos convertir en cargas o en tormentosas tareas que hacemos porque toca y no porque con ellas consolidamos nuestro diario caminar. La vida nos invita a amar todo lo que hacemos y a que gracias a esa sensación nos llenemos de motivaciones para que dichas tareas beneficien nuestras experiencias, de lo contrario le vamos perdiendo el sentido a nuestras vidas y por lo tanto, llenándonos de amarguras, tristezas, decepciones y depresiones.

Una perla cotidiana de Thoreau afirma, “las matemáticas no mienten, lo que hay son muchos matemáticos mentirosos”.

Cuentan que en una cotidianidad un grupo de hombres pese a haber logrado atravesar ya el rio y llegar a la otra orilla siguieron cargando sobre sus cabezas una canoa grande la cual les había ayudado a pasar de un lado a otro. Por lo que cuando les preguntaron el por qué, expresaron: – no podemos dejar la barca, ella nos ha ayudado a venir desde la otra orilla, ¿cómo vamos a dejarla? Gracias a ella hemos llegado hasta aquí. Allí hubiéramos muerto con toda seguridad. Así que nunca dejaremos esta barca, hemos contraído una deuda de por vida con ella y la seguiremos llevando sobre nuestras cabezas en señal de gratitud.

Y aunque no con ello estamos diciendo que debemos dejar de ser gratos, si es válido que nos demos cuenta que no es necesario cargar sobre nuestras cabezas y seres algunas cosas así sintamos que estas hacen parte de sentimientos gratos, cuando lo que debemos hacer es simplemente guardar aquel buen recuerdo y valorar si es el caso todo aquello que nos aportó.

El Texto de Textos nos revela en Proverbios 10:9, “el que camina en integridad anda confiado”. 

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!