La mayoría de las personas vivimos quejándonos y hasta reclamándole a los demás por su actitudes y aunque hay quienes se comportan bien, no podemos negar que podríamos comportarnos mucho mejor, dejando de esperar que sean los demás quienes actúen y asumiendo el hermoso reto de hacer nosotros todo aquello que sabremos esos otros tal vez no harán. Se trata de actuar nosotros y asumir la diaria tarea de lograr que con ese hacer algunas personas no solo reconozcan que están equivocadas sino que tal vez ellas también comiencen a actuar en pro del bienestar general. Y es que desafortunadamente predicamos mucho y hasta reclamamos demasiado a esos otros por aquello que ni siquiera nosotros estamos dando y haciendo.

Una perla cotidiana nos expresa: “nunca discutas con alguien que se cree sus propias mentiras”.

Cuentan que en sus cotidianidades Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga​ más conocida por sus obras poéticas y literarias como Gabriela Mistral nos invitaba a que, “donde haya un árbol que plantar plántalo tú, donde haya un error que enmendar enmiéndalo tú, donde haya que hacer un esfuerzo de esos que todos esquivan hazlo tú, si sé tú el que aparta siempre la piedra del camino”.

Valiosa propuesta de esta mujer nacida en New York pero forjada en Chile para que entendamos que en vez de esperar que los demás cambien debemos ser nosotros los instrumentos de cambio logrando con nuestro ejemplo motivar a esos otros para que uniéndose a nuestra postura de vida consolidemos ese mundo armónico y fraternal que tanto reclamamos pero al que poco le aportamos.

El Texto de Textos nos revela en el Salmo 55:17, “tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, y Él oirá mi voz”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!