El Texto de Textos nos revela en Habacuc 1:13, “Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio; ¿por qué ves a los menospreciadores, y callas cuando destruye el impío al más justo que él, 14 y haces que sean los hombres como los peces del mar, como reptiles que no tienen quien los gobierne?”

Se dice que la palabra inocencia nos invita a entrar en aquello que no nos hace daño o mal y aunque hay quienes lo asimilan a sentirse ajeno o no percibirse responsable de algún acto incluso de esos que inconscientemente cometemos, esta claro que frente al Creador somos pecadores desde cuando con Adán como padre de nuestra generación escogimos retroalimentarnos del árbol del conocimiento del bien y del mal, separándonos de Él.

Más sigue siendo tal nuestra confusión que en nuestras tradiciones paridas de esas ignorancias se celebra un día de los inocentes, no tanto para recordarnos la matanza de infantes realizada por el Rey Herodes al ordenar asesinar a todos los niños menores de dos años en Belén, Judea, con el objetivo de conservar su poder, tras el anuncio del nacimiento del Mesías, futuro Rey de Israel, sino con motivos que incluso desdicen de dicha conmemoración católica.

No podemos olvidar que en esa fusión de costumbres dicha propuesta se paganizó con la fiesta romana de los locos, en donde para quienes siguen estas visiones primaba el desenfreno. Por lo tanto si queremos alejarnos de esas alucinaciones y reenfocarnos en algo, lo ideal seria el buscar volver a ser niños, sí inocentes o sea seres que confían en su Padre Celestial y se dejan guiar por su palabra.

Así que frente a las diferentes visiones según cada quien lo quiera interpretar quizá es necesario que aun entendiendo la inocencia desde esa condición que asume un ser cuando se siente libre de culpa e incluso de pecado, nos propusiéramos sacar esa malicia de nuestras mentes y la picardía de nuestras bocas o hasta la mala intención que cogobierna nuestras relaciones y nos acercáramos a diario al Creador en busca de su redención.

Así que pasar por inocente desde esa perspectiva no debería ser motivo de buscar burlarnos de otros sino de imitar a quienes se quieren hacer conscientes de todo lo maravilloso que nos otorga el Creador y que nosotros por estar distraídos en chistes pesados no logramos percibir.

El Texto de Textos nos revela en Juan 9:2, “Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras del Creador se manifiesten en él”.

Oremos para que cuál niños inocentes nos dejemos guiar para retornar al cielo.