Se dice que en nuestro ser interior coexiste todo un paquete de actitudes que van por sus formas y colores de un extremo a otro, lo que quiere decir que si no sabemos combinar esas tonalidades en nuestras interrelaciones podemos dejar que afloren las más oscuras o molestas de ellas, cuando deberíamos propender porque salgan a la luz todas aquellas que potencializan esos rayos y nos permitan acercarnos más. Lo cierto es que depende entonces de nosotros y porque no de quienes nos acompañan en ese trasegar cotidiano el ayudarnos para que de nuestro ser salgan todas esas actitudes que constituyen la armonía de vivir.

Una perla cotidiana expresa: “prefiero loas cucarachas en mi cabeza que vivir en las jaulas de otras mentes”.

Cuentan que cuando el hijo mayor se iba a casar la madre aprovechó que viajaba en el vehículo rumbo a la iglesia con él para reiterarle: – debes tener muy en claro que en cada mujer vive un ángel, una bestia, una princesa y hasta un demonio, por lo tanto lo que despiertes en ella cada mañana será el resultado de la mujer con que vivirás.

Valida apreciación para llevarnos a comprender que en cada uno de nosotros hay una serie de características incluso con tonalidades oscuras que están allí y de las que no podemos culpar a los demás porque estas afloren, ya que solo podemos pedirle a esas personas con las cuales convivimos que nos ayuden a sacar a diario de nosotros lo mejor y que a la vez nos aporten insumos fraternales para que esas características no muy santas se mantengan allí en los pozos profundos a los que no necesitamos acceder.

El Texto de Textos nos revela en I de Timoteo 6:7, “porque nada trajimos a este mundo, y nada podemos llevarnos. Así que, si tenemos ropa y comida, contentémonos con eso”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!