El Texto de Textos nos revela en II de Samuel 24:14, “entonces David dijo a Gad: En grande angustia estoy; caigamos ahora en mano del Creador, porque sus misericordias son muchas, mas no caiga yo en manos de hombres”.

 

Debemos entender la misericordia como un atributo divino que nos invita a tener consideración, amabilidad pero sobre todo perdón para con los otros, sí esos que juzgamos y descalificamos regularmente sin comprender que al condenar a los demás, obviamos que tal vez con nuestras acciones y omisiones cometemos los mismos errores. Lo que implica que el Creador nos invita a tener piedad para con esos otros como para con nosotros que somos pecadores producto de nuestra genética desobediente, esa que se retroalimenta todos los días del árbol del conocimiento del bien y del mal.

Así que la virtud de la Misericordia se cultiva también día a día no tanto cuando suponemos tener lastima hacia alguien, sino cuando estamos dispuestos a cambiar nuestra esencia pecaminosa y desobediente y luego sí con nuestro sano ejemplo acompañar a esos otros que como nosotros cometen equivocaciones diarias incluso sin reconocerlas y por ende tampoco poder enmendarlas. Se trata de cultivar la bondad en nuestros corazones accionando esta para llevar ese bienestar a las vidas de nuestros próximos.

La misericordia nos debe guiar hacia un estado armónico entre las emociones que cogobiernan nuestro corazón y el amor que les debemos a esos otros, el cual apunta a construís puentes con todos los seres vivos de tal forma que nos reconectemos a través de ellos y de forma conjunta con la misma perfecta armonía Creadora que gobierna este universo pese a que seguimos haciendo parte de otra realidad egoísta y materialista.

No es gratuito que el Árbol de la Vida en su estudio, nos invite a ver en los niveles y caminos que nos manifiesta el Creador a través de dichos misterios y en Jesed a la Misericordia, Chesed, חסד, o Gedulah, גדול, o cuarta Sefirá, la cual se sitúa para los estudiosos debajo de Chokmah representando el deseo de compartir incondicionalmente y la voluntad de dar todo de nosotros mismos, visionando así una generosidad sin límites, por ello la palabra hebrea Hesed que encontramos en la Torá nos motivará siempre a una extrema compasión.

La misericordia como acto gratuito y espontaneo denota que la bondad que predicamos nos esta guiando para aportarle a los otros antes que a apartarles. Se trata también de dar a nuestros próximos de aquello que creemos poseer para que gracias a nuestras propias vivencias estos reciban de esa Luz divina que integra al todo. Probablemente por ello los que hablan de la Divina Misericordia como una devoción cristiana se enfocan en pedirle al mismo Jesucristo nos permita aprender de la bondad y amor desinteresado de Él.

El Texto de Textos nos revela en Marcos 9:35, “entonces Jesús se sentó, llamó a los doce y les dijo: – Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”.

Oremos para poder aprender y compartir la misericordia divina.