El Texto de Textos nos revela en Joel 2:31, “y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. 31 El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová. 32 Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado”.

Hoy priman en nuestras creencias el fijarnos propósitos a corto, mediano y largo plazo pero por el contrario en nuestras costumbres paganizadas parece que es más común que las personas se queden en intentos y expectativas, en donde al final encontramos todo un listado de válidas excusas para no realizar ninguna de las actividades planeadas. Es sano entonces que además de reconsiderar esas metas ajustándolas a tiempos y tareas cotidianas proyectadas desde nuestras realidades nos propongamos saber cuáles de esas búsquedas son prioritarias y cuáles simplemente suntuarias.

Probablemente por ello en algunas culturas a finales de año e inicio de un nuevo ciclo es en donde se hace la mayor cantidad de propósitos, anhelos que pueden estar atados a creencias romanas que invocaban a Juno como deidad de las puertas y los comienzos para alcanzar nuevos proyectos, lo que nos debería proyectar mejor que cada día tenemos la mejor oportunidad de consolidar nuevos propósitos y construir bajo esos criterios planes y metas que nos generen verdaderas transformaciones.

Sin embargo en algunas ocasiones y más que proponernos buenos comienzos con respecto a algo que hemos idealizado como necesario para nuestras vidas  nos desenfocamos y no somos constantes para sacar avante dichos planes, haciendo que estos se queden simplemente en deseos y ni siquiera intenciones. Adorando con ello estatuas como la de Juno, la cual nos muestra en su esencia que simboliza dos caras, cada una mirando en direcciones opuestas, lo difícil que es proyectar una cosa y lo fácil que implica el seguir haciendo todo lo contrario.

Nuestros días son contados a través del tiempo es cierto, pero cuando dejamos que los instantes, semanas, meses y años trascurran sin que esas metas que tanto nos hemos colocado se hagan realidad construyendo estas a través de pequeños actos y gracias a continuos instantes conscientes que le dan un nuevo valor a nuestras cotidianidades, nos llevaremos la decepción más temprano que tarde de suponer que todo se nos quedo en sueños e ilusiones.

Desde esa mirada y para el campo espiritual el llamado cotidiano de toda la Creación es que nos permitamos cumplir por lo menos esa promesa que le debemos hacer al Creador de obedecerle y retornar a su lado, comprendiendo que es probable que el tiempo se nos pase y que nos encontremos luego frente a una eternidad en donde ya no será tan fácil el corregir aquello que a diario y probablemente de rodillas anhelábamos, pero nunca realizábamos.

 

El Texto de Textos nos revela en Hechos 2:32, “a este Jesús resucitó el Creador, de lo cual todos nosotros somos testigos. 33 Así que, exaltado por la diestra del Creador, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís”.

Oremos para que podamos cumplir con tantas promesas sueltas.