El Texto de Textos nos revela en Génesis 15:1, “después de estas cosas vino la palabra del Creador a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande”.

 

La oscuridad puede entenderse como la ausencia de la presencia de nuestro Creador, por lo que aceptar que estamos alejados y separados de Él nos obliga a entender que seguimos actuando a oscuras, como pecadores, en donde queremos llenarnos de deseos plagándonos de aquello que creemos nos hace falta y que es Él mientras acumulamos todo tipo de objetos e imaginarios que más bien nos sobran, padeciendo así la desarmonización de nuestro ser desconociendo que lo único que necesitamos es reconectarnos a Él.

 

No perdamos de vista que la oscuridad actúa como una cortina o velo que obstruye el paso de esos rayos de Luz del Creador que deberían iluminarnos hoy y siempre. No es gratuito que en nuestros diarios devenires regularmente observamos el cómo vivimos confundidos y atados a todos esos excesos que generan más desaciertos y caos en donde apagamos aún más nuestro ser desatendiendo todos los llamados que nos hace nuestro Creador para comprender lo que en su todo significa la vida.

 

Tristemente parece que estuviéramos satisfechos de coexistir en medio de esa ceguera inconsciente fruto de dicha oscuridad proyectada en un ego que ve en esos objetos y en lo exterior, luminarias a las que quiere adherirse en vez de reencontrarse con esa Luz Divina que también estando en nuestro interior no percibimos porque vivimos regularmente desconectados reproduciendo solo baja autoestima, miedos, rabias y toda una alta gama de sentimientos adversos que regularmente dominan nuestras razones y corazones.

 

Al negamos a ver y a movernos en los senderos del Creador perdemos además la oportunidad de elevarnos de estos planos oscuros siendo guiados por la incertidumbre que nos aísla mucho más cuando solo deberíamos confiar en Él. Así es como embebidos en nuestros excesos buscamos un bienestar particular que en ocasiones desdice del general y preocupados más de la cuenta por esos distractores mercantiles obviamos que Él esta allí presto para iluminar nuestro retorno al hogar celestial.

 

En el fondo la Luz Divina es la que nos permite apreciar todo lo que debemos corregir nos hace consciente al darnos entendimiento, para no seguir dejándonos guiar por lo oscuro. Visión que solo nos reconfirma que algo esta fallando en nosotros y ello tiene que ver con nuestra imposibilidad de aceptar las cosas como son y como las debemos reenfocar gracias a la Palabra del Creador, esa en la que realmente encontraremos las chispas y destellos que deben encender nuestro ser interior.

 

El Texto de Textos nos revela en Hebreos 12:27, “y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles”.

 

Oremos para aceptar que somos a diario bendecidos inmerecidamente por el Creador.