El Texto de Textos nos revela en Levítico 16:16, “así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados; de la misma manera hará también al tabernáculo de reunión, el cual reside entre ellos en medio de sus impurezas”.

A nuestro limitado lenguaje y finita capacidad de conocimientos le es casi imposible responderse el por qué otro ser debía pagar por nuestro pecado. Proceso que inicio con un animal que cubrió nuestra desnudez de acuerdo a la narración de Génesis y que gracias a dicha simbología nos denota las nefastas consecuencias de esa decisión de Adán y Eva que provocó que sangre inocente tuviera que redimirnos como especie.

Propósito que hizo que para expiar esa nuestra desobediencia el Creador mismo eliminara la culpa o pecado a través de un tercero: Él mismo, si una especie de chivo expiatorio que pagó por nosotros, reemplazando además ese ritual que antes se hacia en el templo y que tenia que ver con el sacrificio animal por su sangre. Visión que el pueblo judío, lleva a kipper, equivalente al arameo que implica borrar o cubrir y que se tradujo para otras culturas como las que heredamos la lengua latina una especie de homenaje u ofrenda que se ha venido realizando a una divinidad con la intención de rendirle tributo.

Creencias que nos han llevado por ejemplo a que cada inicio del año en nuestro calendario greco-romano occidental nos fijemos muchas metas como trascendentales o prioritarias más no trascendentes quizá sin saberlo, en honor a distintas deidades asumiendo para ello ritos y  mitos que poco tienen que ver con nuestra realidad de desnudar nuestra alma para que sea la Luz del Espíritu Santo las que nos arrope y guie. Por ende en vez de seguir invocando y evocando nuestros errores estamos llamados a dar un nuevo y buen comienzo a nuestros ciclos de vida.

Para ello debemos entregar esas metas al Creador, el mismo que nos denoto su amor al redimir ese pecado original, teniendo que hacerse hombre y pagar en la cruz con su propia sangre, cargando así con todas esas faltas. Valdría la pena que entendiendo el sacrificio de Jesucristo en la cruz aceptásemos que ya no es necesario que otro muera por nuestros pecados pues Él ya cargó y pagó por los de toda la humanidad pero a la vez que nosotros no sigamos pecando sino que nos vinculemos amorosamente a É.

Seguirnos llenando de impurezas e inmundicias que solamente nos alejan sin razón de quien hizo todo lo divinamente posible para reintegrarnos sin exigir ya ningún tipo de sacrificio o expiación diferente a creer en Él es algo incoherente y más, el no comprender que el concepto de sacrificio nos invita es a santificarnos y a limpiar esos pecados para reintegrarnos a la Creación.

El Texto de Textos nos revela en Hebreos 9:9, “lo cual es símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto, 10 ya que consiste sólo de comidas y bebidas, de diversas abluciones, y ordenanzas acerca de la carne, impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas. 11 Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, 12 y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención”.

Oremos para que nuestros diarios sacrificios correspondan a los pedidos de nuestro Creador.