El Texto de Textos nos revela en II de Crónicas 32:24, “en aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte; y oró al Creador, y Él le habló y le dio una señal”.

Se dice que todo lo que observamos a nuestro alrededor puede ofrecernos una manifestación de lo divino debido a que este mundo es una replica de otros niveles que simplemente describimos como espirituales y de los cuales solo especulamos desconociendo de ellos debido a nuestras imposibilidades perceptivas y lingüísticas. Nos alejamos del Creador con el fin de reconocerle y reintegrarnos voluntariamente a Él y con ello complementar su unidad infinita. Propuesta que podemos resumir en amarnos, intentando a través de ese vinculo integrarnos a nuestros próximos.

Amor del que nos habla Jesucristo como principio de todo. Por lo cual algunos estudiosos dicen que la primera letra del alfabeto hebreo es א y la última letra es ת y que juntas, crean la palabra et, את, que aunque aparece miles de veces en la Biblia, no tiene una traducción literal por lo cual las reflexiones al respecto omiten que en esa creación ya estaba implícito nuestro Señor Jesucristo quien, como et, se refiere a sí mismo como el Alfa y la Omega.

Bajo ese criterio al hablar de manifestación no solo debemos pensar en algo que se nos muestra, que es evidente, se nos revela o sale al descubierto, sino también en reconocernos a través de esa Luz que nos dejo Jesucristo para entender nuestra realidad desde otra lógica. De allí la palabra manifestación nos esta indicando que una cosa es a través de otra, una especie de proyección: revelación con la que logramos un conocimiento directo, pasando del sentido abstracto de nuestras mentes y palabras a una realidad espiritual.

Lo sano es asimilar que todos los aspectos de nuestra realidad y los altibajos en los que nos reconocemos a través de ella se inscriben dentro de dicho ascenso, el mismo  que a su vez nos aparta de la forma tradicional de pensamiento que regularmente nos distrae. Así que cada manifestación asimilada debe llevarnos a ese camino: a iluminarnos con sus pequeños destellos para despertar así a las revelaciones de nuestro Creador. Las mismas que aunque parecen decodificadas podemos descifrar a través del amor.

Es Jesucristo, et, quien como Palabra de Vida ha estado desde antes del principio iluminando nuestros senderos, sin embargo nosotros embebidos en conceptos lingüísticos confusos y distracciones mercantiles no atendemos todas esas manifestaciones y revelaciones divinas que simplemente están allí motivándonos a acercarnos más y más al Creador a través del amor, ese que como vinculo perfecto nace de nuestros corazones y debe irradiar todos nuestros entornos y relaciones.

El Texto de Textos nos revela en I de Juan 4:12, “nadie ha visto jamás al Creador. Si nos amamos unos a otros, el Creador permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros. 13 En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu”.

Oremos para que seamos capaces de entender las permanentes manifestaciones del Creador.