El Texto de Textos nos revela en Sofonías 1:17, “Traeré angustia sobre los hombres, y andarán como ciegos, porque han pecado contra el Creador; su sangre será derramada como polvo, y su carne como estiércol”.

Nuestros sentimientos terminan siendo el mejor camino para nuestro desarrollo personal y auto descubrimiento como seres humanos. Ellos nos forman y promueven el control o coordinación de cada emoción lo cual implica aprender a atender las informaciones inconscientes que cada alteración nos expresa hasta lograr una armonía total con estos. Autodominio que debe conjugarse con nuestros pensamientos, palabras y actos evitando a la vez acumular aquellas emociones que considerándoles como adversas nos dominan al punto de que históricamente parece preferimos agredirnos.

Se trata entonces de entender los mensajes interiores inconscientes que nos dan estos impulsos nerviosos para ir identificándoles y transformándoles cuando sea el caso, de allí la importancia no solo de la oración, de la guía del Espíritu Santo sino de tener como punto de referencia los mandatos y preceptos del Creador para que no sean los resentimientos y odios los que nos guíen sino el deseo de vincularnos fraternalmente con nuestros próximos y el Creador a través de la fraternidad y el servicio.

Hay quienes afirman que nuestro intelecto y su decodificación nos conecta con Jesucristo, que los sentimientos y emociones con nuestro Espíritu y la voluntad o sea la coordinación de todos estos insumos con nuestro Creador, por lo que cada llamado de atención emocional nos está arrojando una nueva perspectiva que nos obliga a aprender de este dominio propio para alejarnos un poco de aquellas expectativas egoístas que no nos permiten entender que lo que debe importar es nuestro deseo de aportar y de crecer.

Lograda la armonía en nuestros seres debemos luego llevar esta a nuestros entornos siendo dicho propósito universal una de las tareas más trascendentales que nos ha colocado la Creación para sentirnos partes útiles, integradas y complementarias a Él. Por lo tanto cuando se enfatiza más en lo intelectual y se comienza a dar explicaciones habituales a lo que ocurre, sin conectarlo con la corrección que nos da la Palabra y que nos advierte de nuestros sentimientos, obviamos esa dimensión espiritual en que nos movemos.

Nuestros conocimientos nos llevan a sentir por lo que no podemos dejarnos contaminar más por todo aquello que convertido en deseos descontrolados disfrazamos de necesidades insatisfechas cuando son simplemente visiones e ilusiones incoherentes paridas desde nuestro ser interior. Las cuales nada tienen que ver con nuestra felicidad ya que esta no puede depender de las cosas materiales sino que tiene que estar ajustada a nuestras búsquedas espirituales.

El Texto de Textos nos revela en Lucas 1:78, “Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz”.

Oremos para no dejarnos contaminar por nuestros propios deseos y búsquedas mercantiles.