El Texto de Textos nos revela en I de Reyes 8:27, “pero ¿es verdad que el Creador morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?28 Con todo, tú atenderás a la oración de tu siervo, y a su plegaria, oh Jehová Dios mío, oyendo el clamor y la oración que tu siervo hace hoy delante de ti; 29 que estén tus ojos abiertos de noche y de día sobre esta casa, sobre este lugar del cual has dicho: Mi nombre estará allí; y que oigas la oración que tu siervo haga en este lugar”.

Entender que la Vida es el Creador nos debe servir para a la vez afrontar que sin Él no hay nada y con ello asumir que no solo le debemos todo, ya que nos creo fragmentándose a si mismo para darnos de su propio autoconocimiento dentro del plano de la finitud, dimensión que ni siquiera nos imaginamos pero que debería servirnos más allá de nuestras especulaciones para explicarnos que Él es el todo y a Él nos debemos.

Lo que quiere decir que nuestra tarea debe ser otra, amarnos y amarle, así algunas personas prefieran seguir presuponiendo que no son parte de su infinito Ser, ese que podemos entender mejor a través de la Luz, la misma que se contrajo y se movió, nos creó, dando aparición a través de la Palabra a un mundo en el que nos reconocemos a través de conceptos, que como el de tiempo o espacio nos mantienen dentro de una realidad abstracta que aunque nos confunde no nos puede distanciar de la única verdad.

Desafortunadamente no podemos explicar lo que es inexplicable lo que quiere decir que debemos asumir nuestra propia naturaleza para alcanzar a través de algunas de las manifestaciones divinas luces desde esa nuestra finitud para así percibirnos como lo que somos, seres con cualidades finitas, que inscritas dentro de nuestro universo mental emocional estamos mas allá de ese plano de los deseos para retornar e integrarnos voluntariamente a su lado.

Contradicciones que sin embargo son solo parte de una razón que no atendemos debido a que nuestro lenguaje exageradamente limitado no nos posibilita el poder entender todos esos misterios que desde la Luz de la Palabra nos pueden llevar a deducir que hay un propósito, sí una razón de ser que esta explicita en nosotros y que esta estrechamente ligada a que voluntariamente queramos ser parte de ese todo para nosotros creado al recrearnos en ello.

Y aunque seguramente nos seguirán sofocando cientos de miles de enigmas y misterios al respecto de la Creación debemos mantenernos en la certeza que nos creo para degustar de su obra y sin Él no podemos hacerlo, con lo cual para entender esa la voluntad infinita que es amarnos debemos amar la vida y a nuestros próximos, lo cual no solo se convierte en un para qué sino en una enorme motivación que a diario nos debe guiar.

El Texto de Textos nos revela en Apocalipsis 19:6, “y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas y como el sonido de fuertes truenos, que decía: ¡Aleluya! Porque el Señor nuestro Creador Todopoderoso reina”.

Oremos para que tengamos menos preguntas y más certezas al respecto del Creador.