El Texto de Textos nos revela en II de Crónicas 31:14, “Y el levita Coré hijo de Imna, guarda de la puerta oriental, tenía cargo de las ofrendas voluntarias para el Creador, y de la distribución de las ofrendas dedicadas a É, y de las cosas santísimas”.

El concepto de voluntad viene del de deseo y quizá por ello al fragmentarnos y desconectarnos del Creador nuestro único y mayor deseo es el de volver a integrarnos a Él, más en nuestras confusiones nos dejemos llenar de otro tipo de deseos incoherentes hasta que en algún momento reconozcamos voluntariamente gracias a la Luz de su amor que no hay más ni mayor deseo que hacer parte de su creación.

Lo triste es que aunque de ello nos habla su Palabra nosotros hemos preferido no solo dejar que nuestro libre albedrio desorientado y esos deseos desconectados nos cogobiernen inconscientemente, sino que otros hombres más confundidos quizá que nosotros sean los que lideren nuestros destinos generales promoviendo estados que combinan la administración de la cosa pública con sus propios intereses llevando esto al extremo que algunos de estos se abrogan el suponerse reyes y casi divinidades humanadas.

Y bajo esa equivocada perspectiva nos hemos organizado históricamente alejándonos de la única autoridad: la divina y con ello obligándonos a coexistir bajo una leyes amañadas que incluso no le apuestan a nuestra auto coordinación y control sino a nuestra esclavitud producto hoy por hoy de un modelo económico que en vez de exponer argumentos para que actuemos de una forma y no de otra, los impone si es el caso a través de la fuerza.

Y no con ello estamos buscando obviar las autoridades humanas que se organizan para gobernar nuestras sociedades como si el buscar que tanto ellas como nosotros nos sometamos por fin a los mandatos y preceptos del Creador y a través de ellos consolidemos nuestras relaciones familiares y comunitarias, esas que históricamente se han consolidado con visiones opuestas y contradictorias en donde los acuerdos parecen promover más desacuerdos y conflictos.

Desde lo individual debemos por lo tanto no solo conocer la Palabra del Creador sino llevarla a la dimensión de nuestro libre albedrio para que dobleguemos esos confusos e indomables deseos que nos quieren llevar a usar nuestra fuerza para imponernos a los demás y hacer incluso lo que se nos viene en gana. Cogobernarnos por lo tanto debería ser sinónimo de enfocar nuestro deseo y entregarnos a la voluntad infinita: a nuestro Creador para ser guiados por Él.

El Texto de Textos nos revela en II de Pedro 1:5, “vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor”.

Oremos para que aprendamos a cogobernarnos.