El Texto de Textos nos revela en Proverbios 18:12, “quien halla esposa halla la felicidad: muestras de su favor le ha dado el Señor”.

Conceptos como el de casado, que implica una casa, familia que deriva de esclavo o sirviente y el de matrimonio o patrimonio; parece se fundieron para hacer de dicha visión algo complejo mostrándonos una relación conyugal más como una sociedad comercial que aunque proyecta la unión voluntaria de dos personas a la vez parece homologarse más a responsabilidades que desdicen de todos los beneficios personales, grupales y sociales que tiene dicho gran acuerdo.

Lo cierto es que vale la pena replantearnos si todas estas concepciones y percepciones al respecto de lo que debe ser la unión marital nos ha llevado a que se deterioren dichas relaciones en un plazo muy corto obviando que realmente hacemos parte de un mundo espiritual en donde el integrarnos como pareja es un primer gran paso para reintegrarnos al Creador a través de la conformación de una familia.

Probablemente por ello deberíamos más bien revisar nuestro lenguaje al respecto y traducir como nos lo afirma la palabra hebrea para matrimonio que es KiDuSHin y que surge de la palabra KoDeSH, santo, que dicha unión entre hombre y mujer es algo santo, en donde se une la pareja para disfrutar de la Divina Presencia del Creador, su Tercer Socio en esta relación, el cual residirá en ese hogar si así se lo permiten.

Lo que implica que el casarnos o el vincularnos matrimonialmente con ese otro ser no es solo un tema de una unión sexual, sino un todo que implica que dichos encuentros placenteros se realicen desde una visión de santidad, ya que ese encuentro aunque tiene mucho de humano pasional lo tiene más de espiritual, siendo por lo tanto hasta dicha relación sexual reflejo de la actitud de respeto de la pareja hacia los poderes de procreación otorgados por el Creador.

Así que consolidar un hogar y vivir dentro de los límites de las relaciones sexuales permisibles asegura el cumplimiento de otro Pacto con el Creador, así que si la pareja contrae matrimonio de acuerdo con la ley de la Torá y mantiene su comportamiento marital dentro de los límites de los mandatos y preceptos Bíblicos, serán considerados como seres que aman incluso el Pacto de Abraham el cual es el medio principal para acercarse al Santo.

El Texto de Textos nos revela en  Efesios 5:25, “ maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra.”

Oremos para que nuestras familias nos integren cada vez más al Creador.