El Texto de Textos nos revela en Ezequiel 20:19, “Yo soy Jehová vuestro Dios; andad en mis estatutos, y guardad mis preceptos, y ponedlos por obra; 20 y santificad mis días de reposo, y sean por señal entre mí y vosotros, para que sepáis que yo soy Jehová vuestro Creador”.

Se nos invita regularmente a descansar un día a la semana como a la vez a dedicar ese día al Creador, reposo necesario que nos invita a renovarnos y encontrar una armonía que por nuestra diaria movilidad y distractores tal vez perdemos. Algunas culturas hablan por ello de Shabat mientras otras como la católica ven en el domingo el primer día, el de la resurrección, momento propicio para reencontrarnos en familia con nosotros mismos.

A partir de ese reencuentro espiritual es claro que podemos reiniciar la semana hasta con nuevas metas entendiendo que nuestra existencia, esta presa a diario de esa dualidad de la muerte y el renacimiento, del reposo y de la acción, dinámica de la creación que nos invita a recordar al Creador y sus mandatos santificándonos a cada instante. Si nos proponemos vivir por y para Él entonces no solo deberíamos guardar un día de la semana sino todos los días orar y leer la Biblia dejando así que Él sea quien nos guie.

Cuando enfocamos nuestros movimientos, palabras, pensamientos y acciones, hacia el Creador todo nos denota que vamos por buen camino siendo cada instante de reposo una oportunidad hasta para dejar que Él guie nuestra voluntad, logrando así que nuestros dones, destrezas, deseos y determinaciones se alineen a esa ayuda idónea para nuestras existencias en las diferentes situaciones que se nos presentan.

La palabra recuerdo, zejer, analizada desde la gematria Hebrea y vista desde la masculinidad de zajar nos hace según los estudiosos de estos temas una insinuación a que busquemos esa información que disfrazada de recuerdo dormido esta en nuestro ser interior y con esos destellos avivemos nuestra parte adámica de la que nos da luces nuestro ADN, sangre que producto del pecado requiere la purificación celestial, retomemos esos mensajes de nuestros ancestros patriarcas y desde nuestro exilio en las tinieblas de este Egipto mercantil, despertemos esa Luz interior y permitamos que ella nos oriente.

Tristemente como no guardamos espacios para ello e históricamente hemos preferido que nos guíen nuestras inconciencias y emociones adversas, esas que nos incitan a usar la fuerza, las imposiciones y a dejarnos guiar por las sin razones; obviamos estos y otros preceptos viéndonos sofocados por más y nuevas dificultades que contrariamente nos alejan y separan más convirtiendo incluso dicho reposo en pereza, lo que a su vez se traduce que no tengamos en cuenta las manifestaciones divinas y que nuestras palabras, pensamientos y acciones no sean ni apropiados, ni justos.

El Texto de Textos nos revela en II de Corintios 4:3, “pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen del Creador”.

Oremos para que cada instante, pensamiento, palabra y acción se la ofrezcamos al Creador.