El Texto de Textos nos revela en Amos 5:24, “¡pero que fluya el derecho como las aguas, y la justicia como arroyo inagotable!”

Cada letra, signo y símbolo de nuestro lenguaje nos indica algo más y si se trata de las originales del alfabeto Hebreo su octava letra, Jet, ח, nos recrea en conceptos de justicia, que a su vez se envuelven en otros simbolismos: de barreras, limites y/o clausuras. Delimitaciones que para algunos estudiosos tienen que ver con nuestras dudas, miedos y angustias, las mismas que disminuyen nuestras energías más solo para que sobrepasemos esos muros y asimilemos cada prueba, revisando ese fuero interior para ir más allá de la imagen reprogramada que tenemos al respecto de este mundo.

Por ello se cree que el día de reposo implica recuperar nuestras fuerzas y encontramos con un renacimiento de nuestros anhelos, fortalecidos por la palabra del Creador con toda esta nueva simbología para aplicarla a nuestros conocimientos y experiencias que mal calificamos como adversidades o sufrimientos llevando estas al campo de las pruebas en donde promovamos siempre  que esas destrezas, alegrías y esperanza sigan en pro de un comportamiento justo que propenda por el equilibrio y la equidad en nuestras vidas.

Así es como apropiándonos de valores como la armonía y la disciplina se nos convoca para ser cada día más íntegros, moderados y honestos propendiendo siempre por promover equilibrio y bienestar en este mundo. Lo que quiere decir que cada letra y cada palabra nos debe servir para recordarnos que como la letra tet que forma la palabra jet, pecado, se nos separó de Él producto de nuestra acción voluntaria de alimentarnos de un conocimiento que usado injustamente solo nos provoca todo tipo de caos y desequilibrios.

La idea es con esa simbología  el buscar superar esa barrera que separa nuestro interior y exterior, delimitando muy bien que aún separados de todo y del todo debemos buscar que esas reservas de la energía divina depositadas en nosotros pero a la vez en la naturaleza nos indique los pasos diarios a seguir para mantenernos en los preceptos y mandatos que nos sirven e indican nuestros límites, esos que tanto nos apetece franquear y trasgredir.

No es gratuito que la justicia se refleje con una balanza que permite determinar, separar y extraer las partes de un todo en donde cada partícula nos indica que en el bienestar de esos otros están nuestros limites. Siendo todos mayordomos de una pequeña parte, lo que a su vez nos invita a aceptar que los otros también tienen derecho sobre las otras partes, perspectiva que nos indica el percibir la vida como una motivación a que todo tratado o contrato tenga la fuerza de reunir las divergencias, dando la parte o el mérito a cada uno.

El Texto de Textos nos revela en Tito 3:5, “Él nos salvó, no por nuestras propias obras de justicia, sino por su misericordia. Nos salvó mediante el lavamiento de la regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo.”

Oremos para que nuestras palabras invoquen siempre la justicia divina.