Los niños deban ser guiados pacientemente mostrándoles más lo que queremos que hagan que prohibiéndoles, ya que ellos deben aprender a interactuar con sus semejantes gracias al buen ejemplo de sus guías.

Una perla cotidiana nos dicta que “es posible que ayudar a una persona no cambie el mundo entero, pero si cambia el mundo de esa persona”.

Cuentan que la infancia es en donde se define la salud mental de los adultos por lo tanto deberíamos pensar más de dos veces antes de corromper el alma de los niños, incluso con palabras hirientes o tóxicas.

El Texto de Textos nos revela en Isaías 43:1, “No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú”.

Valoremos nuestras COTIDIANIDADES… ¡Transformándonos!