El Texto de Textos nos revela en Eclesiastés 5:1, “guarda tus pasos cuando vas a la casa del Creador, y acércate a escuchar en vez de ofrecer el sacrificio de los necios, porque éstos no saben que hacen el mal”.

Los seres vivos necesitamos un espacio en el cual estar, lo que traducido a que hacemos parte de una Creación eterna, todo ello implica que aunque nuestra actual morada es temporal en esta tierra también coexistimos en otros espacios no físicos, mas todo hace parte tanto de un universo creado más allá de nuestra temporalidad. Por ello debemos comprender que esta morada es transitoria y que aunque debemos cuidarla y degustarla también debemos asumir que la abandonaremos en cualquier momento.

Desde esa mirada la Biblia nos invita a cuidar de nuestro cuerpo como templo del Espíritu y de nuestros entornos sintiéndonos aportantes dentro de ellos. Y es que el solo hecho que estos espacios nos provean todos los insumos que requerimos para coexistir en armonía, ello nos obliga a devolverle un poco de lo mucho que recibimos a la vida, lo que a su vez implica atender las manifestaciones del Creador para que transformemos algunos comportamientos egoístas que tristemente están en contra de dichos preceptos.

La Creación es una sola y así nos percibamos como partes fragmentadas de ella, no por ese motivo podemos dejar de apreciar que la creación esta implícita en cada partícula de esta magna obra. Lo que a su vez quiere decir que Él esta tanto en todos esos entornos en los que convivimos como en nosotros mismos. Por lo tanto no aportarle a estos espacios es solo una demostración tanto de nuestra ignorancia como de nuestra ingratitud y falta de respeto y amor para con Él.

Seguir las recomendaciones que nos da en su Palabra es comprender que debemos hacer que esta morada temporal, nos reintegre a la eterna y desde esa mirada nos debemos permitir el tratar a todas las personas con las que nos topamos, como partes de nosotros mismos, sabiendo que son partículas celestiales de la divinidad, a las cuales por lo tanto les debemos aportar dándoles lo mejor de nosotros y no como regularmente lo hacemos otorgándoles nuestra indiferencia y agresiones.

Cada ser vivo que comparte con nosotros nuestro habitad cumple con una razón de ser, así en nuestras sin razones no les encontremos explicaciones a ello, siendo entonces nuestra obligación el dejar de pensar solo en nosotros mismos para proyectarnos a través de esos otros como partes de una gran morada celestial, lo que nos invita a cuidar de todo aquello que cual mayordomos además debemos compartir con esos próximos.

El Texto de Textos nos revela en Juan 14:2, “en la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”.

 

Oremos para que este morada diaria se asemeje a la eterna.