El Texto de Textos nos revela en Isaías 3:5, “y el pueblo se hará violencia unos a otros, cada cual contra su vecino; el joven se levantará contra el anciano, y el villano contra el noble”.

 

Una de las cosas que más nos cuesta es obedecer y quizá por ello nos ocupamos tanto de imponer en vez de exponer argumentos, lo que a su vez deriva en visiones como la severidad, rigurosidad, lo áspero, duro, rígido e incluso la violencia. Probablemente tras esas equivocaciones padecemos de estar en extremos, de buscar lo grave y hasta de concebir a nuestro amoroso Padre Celestial como un ser justiciero y para nada misericordioso.

Hay limites y normas sí, pero no nos afectarían si obedeciéramos, quizá por ello la quinta Sefirot del Árbol de la Vida como segundo atributo emotivo, denominada Geburáh, גבורה, Gevurá o Severidad, nos llama al cumplimiento de esos mandatos recordándonos a la vez estos como expresión de amor del Creador. Cada letra de su Palabra como Ley refleja por lo tanto esa Guevurá que permea toda nuestra realidad en la búsqueda que rectifiquemos nuestros rumbos, por lo que dichas chispas caídas que nosotros apreciamos como destellos, nos redimen y elevan si les atendemos para que volvamos a unirnos a Él.

 

Así que la severidad que tanto promovemos, vista desde el Árbol de la Vida, esta colocada bajo Biná, al lado de Jesed y sobre Hod, presentándonos cuatro senderos en donde la Torá dada a Moisés y al pueblo de Israel desde la misma Boca del Creador, contrayendo y concentrando Su luz infinita para materializarla en las letras finitas de la Torá, talladas en las tablas del testimonio de los Diez Mandamientos, nos proyecta que dicha severidad solo se aplica a nuestra desobediencia.

Visión que asimilada a conceptos de fuerza, juicio, poder y hasta ocultamiento, nos invita es a acercarnos al Creador a través de la lectura de la Biblia, la oración y el acompañamiento del Espíritu Santo para que revele en nosotros sus misterios y así podamos ir más allá de los entornos oscuros en donde hoy nos encontramos. Se trata de comprender sus diarias revelaciones para apegarnos a su amor, a sus normas y así los efectos severos de la desobediencia no sean los que nos llenen de miedo y aíslen mas.

 

Lo que también nos puede estar insinuando que ese temor reverencial que le debemos a Él como Padre, es una motivación diaria para obedecerle tal y como lo debemos hacer con nuestros padres terrenales, llenándonos siempre de gratitud y de una serie de principios y valores que solo nos denotan que requerimos en este mundo de dicha corrección, esa que es la que garantiza nuestro pleno bienestar.

 

El Texto de Textos nos revela en Romanos 11:22, “Mira, pues, la bondad y la severidad del Creador; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado”.

Oremos para que la severidad divina sea entendida como un amor que nos corrige.