El Texto de Textos nos revela en Génesis 27:28, “el Creador, pues, te dé del rocío del cielo y de los frutos de la tierra, y abundancia de trigo y de mosto”. 

Palabras como misterio, místico, secreto y oculto entre otras han dominado tanto nuestras creencias como algunas filosofías y religiones, lo que ha derivado en que se tejan al respecto cientos de especulaciones y elucubraciones, algunas de las cuales intentan explicar lo inexplicable con nuestro limitado lenguaje. Pero más allá de nuevas controversias al respecto desde que tenemos uso de razón nuestros pensamientos han estado plagados de dichos cuestionamientos que con sus perspectivas incluso en algunos casos opuestas nos pueden orientan o desorientar.

La Biblia sin embargo esta llena de respuestas, algunas de las cuales nos cuesta asimilar y otras parece que obviamos dejando que nuevas inquietudes cogobiernen nuestras expresiones. Lo que hace que todos estos enigmas, así como los misterios divinos que son naturales por nuestra incapacidad intelectual para comprenderlos nos impulsen a buscar explicaciones en otros escenarios distintos a los que la Biblia nos propone.

Y son estos mitos y ritos los que tristemente han llenado algunas de nuestras enciclopedias despertando intranquilidad y hasta curiosidades que simplemente nos alejan de lo esencial. Bajo esa mirada debemos adentrarnos más en los principios universales y fundamentales, del Texto de Textos y tener este como libro guía para que con sus versículos enriquezcamos nuestros desconocimientos y redescubramos a través de sus relecturas una serie de  ideas que pudiendo parecer escondidas irán saliendo a la luz a medida que el mismo Espíritu Santo, considere que ya estamos preparados para asimilarlas.

Y así gracias a esos potentes redescubrimientos podremos promover mejoradas reflexiones que serán de mayor utilidad que tantas otras contra argumentaciones sin sentido que incluso entorpecen nuestras propias vivencias al dejarnos llevar por reprogramaciones mentales milenarias que aún saliéndose de lo que reconocemos como obviedad hasta confrontamos con los versículos Bíblicos a los que desafortunadamente históricamente no hemos atendido como deberíamos.

La mejor invitación no puede ser otra que la de leer, releer y estudiar la Biblia, tarea cotidiana que debe además llevarnos a intentar encontrar en sus líneas las verdades más profundas y ojala a que podamos escudriñar incluso en sus traducciones originales hebreas más que en algunas nuevas interpretaciones para así nutrir nuestro día a día. Y con esa renovada mirada consideramos enfocada totalmente en la Biblia tener un instructivo perfecto para guiar nuestras coexistencias.

El Texto de Textos nos revela en Juan 20:29, “Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron”.

Oremos para que cada lectura Bíblica sea de crecimiento interior que luego ilumine nuestros entornos exteriores.