El Texto de Textos nos revela en I de Samuel 2:30, “por tanto, el Creador Señor de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho el Creador: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco”.

 

El acto de crear implica en sí mismo una organización que a su vez desemboca en una serie de planes, preceptos y normas para lograr que todo lo creado coexista armónicamente. Pero debido a nuestro libre albedrio, al ser a imagen y semejanza del Creador, tuvimos la posibilidad de decidir el cómo hacer parte de esa creación, lo que indudablemente nos llevó a desobedecer el programa original que nos diseño Él para vivir de una forma arbitraria, escogiendo en contra de su voluntad el vivir destruyéndonos.

 

Así fue como desobedecimos la única norma que se nos colocó en el Edén: el no alimentarnos del árbol del conocimiento del bien y del mal. Y aunque aún hoy tenemos la posibilidad de arrepentirnos y retomar el rumbo, no lo hacemos y por el contrario, seguimos enfocando nuestra voluntad y deseos hacia todo aquello que nos aleja más de nuestra fuente primaria de Luz y vida: el Creador.

 

Todo lo que nos rodea nos invita a ello, de allí la importancia de atender las manifestaciones del Creador, lo que  implica saber escuchar, sí lograr una apertura para acercarnos a esa invitación celestial para nos llama a través de nuestros oídos que estan abiertos para capturar la información divina y aprender de ella o del tacto: cuidado y mesura que debemos tener con nuestros actos o al olfatear mejor para estar alertas en un presente y hasta prevenir actos inesperados futuros o al saborear el día a día lo cual nos relaciona con el buen juicio a la hora de nutrirnos, mientras vemos cómo se nos proyecta una mayor capacidad de análisis.

Usar sabiamente nuestros sentidos o receptores exteriores nos llevará incluso a desarrollarnos mejor espiritualmente para con esas interacciones asumir un mayor control sobre nuestros seres, lo que quiere decir que cada que logremos discernir más al respecto de lo que nos sucede, vamos escalando en nuestros logros espirituales para a la vez, retornar voluntariamente al punto eterno al que nos debe llevar nuestra obediencia.

Ello no quiere decir que algunos deseos internos no continuarán e incluso que dichas tentaciones producto del pecado podrán seguir sofocando nuestras coexistencias, pero sí que gracias a la claridad mental y espiritual que vamos alcanzando producto de nuestras diarias oraciones y la guía del Espíritu Santo nos mantendremos obedientes en los mandatos del Creador y podremos sabernos y sentirnos más que cerca de Él.

El Texto de Textos nos revela en Efesios 5:17, “ por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor”.

Oremos para que nuestras transformaciones interiores proyecten cambios exteriores.