El Texto de Textos nos revela en I de Reyes 19:12, “Después del terremoto, un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Y después del fuego, el susurro de una brisa apacible. 13 Y sucedió que cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con su manto, y salió y se puso a la entrada de la cueva. Y he aquí, una voz vino a él y le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías? 14 Y él respondió: He tenido mucho celo por el Creador, Señor de los ejércitos; porque los hijos de Israel han abandonado tu pacto, han derribado tus altares y han matado a espada a tus profetas. He quedado yo solo y buscan mi vida para quitármela”.

Se entiende como Luz no solo aquello que ilumina nuestros entornos sino al universo y por ende todo aquello que llena nuestras mentes de una mayor creatividad, la misma que irradia incluso nuestras relaciones. Como seres de luz o energía dicha iluminación espiritual nos denota nuestra conexión con lo divino lo cual se manifiesta a través de una sensación de paz, amor y felicidad, lo que se debe traducir en un sentido de unidad con el todo, sensación que nos da mayor claridad interior para poder comprender esa otra realidad.

Estamos presos producto de nuestra desconexión con esa Luz Divina del mundo de las sombras y por lo tanto desconectados de su Espíritu, dejando nuestra alma a la vez aislada de nosotros mismos, desatendiendo esa realidad espiritual que ella nos proyecta. Y aunque físicamente todo nos llaman la atención para comprender esa identidad, como por ejemplo el mismo iris de nuestros ojos o la huella dactilar, preferimos alejarnos de esa esencia que nos hace únicos e irremplazables. hijos del Creador, suponiéndonos indignos materialmente de compartir esta creación al desintegrarnos voluntariamente de Él.

La tarea diaria es buscar esos niveles de iluminación en vez de dejamos guiar por otras luces que con sus fluidos nos parecen más atractivos, interconectándonos a luminarias artificiales que como el mismo sol solo son reflejos de esa luz Divina. Y aunque todo nos habla sobre la esencia de nuestras existencias espirituales, seguimos alejados de nuestro brillo divino evitando percibimos así para afectarnos a nosotros mismos.

Cuando se habla de un despertar espiritual no solo para nuestros seres sino también en nuestros entornos, ello se debe traducir en una vida que nos motive a alcanzar una nueva dimensión interior, la cual debe reproducirse en los otros para que esos entornos también descubran que tenemos a diario la posibilidad de experimentar dicha divinidad que no es otra cosa que encontrar el auténtico sentido de nuestras existencias y con ello el propósito de nuestra relación con todos los seres que también forman parte de este universo.

La Biblia es clara en denotarnos que hay manifestaciones de esa Luz que podemos convertir incluso en revelaciones a medida que aprendamos a descubrir todo aquello que siendo obvio, no percibimos, simplemente porque estamos desconectados e incomunicados de esa entidad que al calificarla como sobrenatural, la alejamos más y más de nuestras existencias. Incluso quienes hablan de Nirvana más allá de su visión sánscrita nos invitan también a experimentar ese estado de iluminación que se alcanza gracias a una interiorización a la que algunos mal denominan meditación.

El Texto de Textos nos revela en Juan 14:26, “Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, El os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho”.

Oremos para que sea el Creador y su palabra el que ilumine nuestra vida espiritual.