El Texto de Textos nos revela en I de Reyes 8:10, “y sucedió que cuando los sacerdotes salieron del lugar santo, la nube llenó la casa del Creador”.

Para algunos estudiosos el universo fue producto de una expansión pero para otros de la contracción de nuestro Creador quien se retrajo para darnos espacio y así pudiéramos existir, lo que esos eruditos reconocen como vacío. Ausencia de esa energía o Luz que sin embargo no es total por lo que cuando se habla de vacío desde esa mirada se esta haciendo alusión a un lugar pero a la vez a un deseo supremo de llenarnos con esa Luz infinita que nos complementa y retroalimenta.

Propuesta que a su vez nos lleva a comprender de alguna forma lo que reconocemos como nuestro vacío existencial que aunque tiene bastantes e importantes explicaciones históricas desde diferentes ciencias y filosofías, para este caso resumiremos simple y llanamente como nuestra ausencia consciente de esa Luz Divina y todo lo que ella significa. Es clara la Biblia en recordarnos que estamos separados voluntariamente de Él, pero a la vez que debemos reenfocar todos nuestros esfuerzos para acercarnos a sus manifestaciones y así ir llenando lentamente tanto nuestro vacío interior como el exterior.

Debe quedarnos claro entonces que físicamente no es factible llenar ese vacío y aun más que improbable que podamos aproximarnos en este cuerpo material al Creador, más ello no quiere decir que debemos seguir aislándonos cada vez más de Él y su obra, distrayéndonos como lo hacemos con una serie de luces artificiales que mantienen nuestra atención en las cosas del mundo. Distorsiones que no nos permiten ascender o por lo menos elevar nuestros pensamientos para reconectarnos con nuestra esencia y así a dicho universo celestial.

En términos simples ese universo vacío al que tanto hacemos referencia no es otra cosa que un llamado que tenemos inconscientemente para dejar de suponernos excluidos o separados y atendiendo las misteriosas manifestaciones del Creador desde nuestro lenguaje limitado, nos permitamos reordenar y reorientar nuestros fragmentos de vida proyectándonos como lo que somos: hijos del Creador, logrando así que nuestras vivencias y experiencias e interrelaciones cotidianas, sean coherentes a dichos propósitos.

Manifestaciones que a su vez nos van llenando y acercando paulatinamente a nuestra propia esencia. No perdamos de vista que todo ascenso en lo que respecta a nuestro ser se debe iniciar con un descenso que parte de nuestra interioridad, lo que quiere decir que nuestra esencia interior está estrechamente conectada con ese universo o luz exterior que es nuestro Creador lo cual hace que sea necesario llenar conscientemente con Él nuestro vacío interior existencial.

El Texto de Textos nos revela en Juan 14:1, “no se turbe vuestro corazón; creed en el Eterno, creed también en mí”.

Oremos para que cada oración nos llene de Él.