El Texto de Textos nos revela en Isaías 65:22, “no edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma; porque como los días de un árbol, así serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán de la obra de sus manos”.

No es un secreto que los árboles nos producen oxígeno, purifican el aire, forman suelos fértiles, evitan la erosión, mantienen los ríos limpios, captan agua para los acuíferos, sirven como refugios para la fauna, reducen la temperatura a su alrededor, propician el establecimiento de otras especies, regeneran los nutrientes de la tierra, mejoran el paisaje, nos dan sombra, en fin, son símbolos de vida.

Tampoco lo es que culturas como la Judía nos inviten el día de la bendición de la fruta o B´shvat a sembrar árboles representando en ellos nuestros mejores deseos. Costumbre que nos incita a agradecerle a la tierra y al mismo Creador por todo lo que nos da. Y es que cada una de las siete grandes festividades de dicho pueblo como el Sucot, que se da luego de cuatro meses en que se han saturado los suelos y nutrido dichas semillas para que más adelante den frutos, sirven para recordarnos que además de gratos debemos aportarle lo mejor de nosotros a este mundo.

En tiempos en donde cada vez parece que apreciamos menos la naturaleza, que maravilloso que como humanidad aprendamos a celebrar, honrando la vida y con ella a los árboles, esos que nos enseñan la importancia de nutrimos de nuestras profundas raíces, las cuales nos remontan a la vez a nuestros patriarcas, quienes permitieron que hoy nuestras ramas de vida se dirijan aún hacia el cielo para que nuestros frutos beneficien nuestras coexistencias como especie.

Frutos que deben representar a su vez nuestras buenas acciones. Y es que todo nos enseña si así nos lo permitimos. Por lo tanto, ese conocimiento práctico que reconocemos como sembrar nos invita no solo a que cuidemos de los árboles sino a la vez que les plantemos enseñándole a las nuevas generaciones de la importancia de estos así como de la preservación de todos nuestros ambientes.

Incluso hay quienes creen que esa tradición occidental del árbol de navidad tiene que ver en parte con esa visión de honrar a través de un árbol, la llegada del Mesías y por ello se decora este con luces que reflejan que Él ilumina nuestros hogares. Más no se trata de confundirnos con ritos, más si de intentar que cada celebración o festividad nos mantenga dentro de la esencia de nuestras creencias como hijos del Creador.

El Texto de Textos nos revela en Lucas 23:31, “porque si en el árbol verde hacen esto, ¿qué sucederá en el seco?”

Oremos para que a diario sembremos vida con nuestras palabras.