El Texto de Textos nos revela en Isaías 55:11, “así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”.

Hay diferentes tipos y niveles de velocidad que hacen que para nosotros algunos movimientos o desplazamientos sean realmente imperceptibles. Lo que hace que no seamos consientes de todas las interacciones y relaciones que se dan a nuestro alrededor pese a que todo se encuentra en constante movimiento. La velocidad de la luz por ejemplo como medida, sirve para denotarnos nuestra enorme lentitud, lo que nos debería denotar la comprensión mínima de lo mucho que estamos separados de la Luz divina.

Desde dicha perspectiva conceptos como espacio, tiempo y desplazamientos se hacen relativos y máxime cuando un quantum de energía nos denota que es probable que una partícula se encuentre en varios lugares al mismo tiempo. Lo cual reiteramos nuestra limitada movilidad y la dimensión en que como fragmentos nos encontramos no nos permite siquiera imaginar.

Más lo importante es comprender que todos los movimientos de este universo dependen lógicamente de un Creador lo cual desde otra lógica nos permite asimilar que Él acciona cada molécula, siendo esos intercambios de información permanente con sus características especiales en que nos reconocemos, los que le deberían dar un sentido y no otro a nuestras vidas.

Visión que nos comunica un intercambio permanente del que hacemos parte aun suponiéndonos aparte, siendo nuestro deber el integrarnos conscientemente a dicho fluir para que la armonía reine en nosotros o de lo contrario al generar desorden, caos y desinformación es normal que nuestro universo nos parezca en continua confrontación. Nuestras mismas expresiones a través de las cuales nos comunicamos al respecto de lo que consideramos vida, dependen de esta alineación lo que nos invita a que usemos nuestro lenguaje para acercamos conscientemente más y más entre nosotros y a Él.

Y es que mientras sigamos moviéndonos a una velocidad diferente a la que nos propone nuestro ser espiritual, cohabitando mentalmente en la supuesta rapidez de un mundo que simplemente reproduce estrés, es más que complejo que podamos hacer que nuestras interrelaciones no sigan siendo caóticas y por ende dentro de ellas, la aplicación de nuestro lenguaje solo reproduzca una realidad que esta distante de esa necesaria integración con la creación.

El Texto de Textos nos revela en Gálatas 1:10, “¿Qué busco con esto: ganarme la aprobación humana o la de Dios? ¿Piensan que procuro agradar a los demás? Si yo buscara agradar a otros, no sería siervo de Cristo”.

Oremos para que nuestros pensamientos, palabras y acciones nos acerquen al Creador honrándole.