El Texto de Textos nos revela en Isaías 60:1, “levántate, resplandece, porque ha llegado tu luz y la gloria del Creador ha amanecido sobre ti”.

A diario se nos invita a tener más claridad mental gracias a algunos conceptos que parece iluminan nuestras inteligencias para escoger la mejor opción frente a las posibilidades que nos ofrecen las circunstancias. Y desde esa mirada deberíamos entender la Biblia como Palabra del Creador, como una fuente de luz permanente para nuestros seres permitiéndonos gracias a la relectura cotidiana de sus mensajes tomar nuestras mejores decisiones producto de iluminarnos con esa sabiduría.

Luz que entendida como energía motiva tanto nuestros pensamientos, palabras como acciones y nos genera unas interacciones gracias a los intercambios que dentro de dichos encuentros conscientes e inconscientes tenemos y que relaciona la información que portamos con las de esos otros, mientras a su vez nos retroalimenta de ellos y de nuestros entornos. Lo que implica así no lo percibamos que estamos envueltos por esa luz y deberíamos tomar más de ella.

Sin embargo preferimos desconectarnos cada vez más de esa Luz que nos otorga entre otras cosas una renovada conciencia a través de la cual podemos transformar dichos destellos en verdaderas decisiones de integración con el Creador. Proceso de vida que implica alejarnos pero también acercarnos, ya que aunque hay un fin también un comienzo, un retiro, un desprendimiento y luego un duelo presente, que a su vez anuncia otro hecho futuro y para nuestro caso nuestra reintegración a Él.

Así es como esa energía vital que parece avanzar a partir de sí misma, vivenciando una serie de ciclos, depende exclusivamente de Él siendo necesario trabajar conscientemente como colectivo pero desde nuestra individualidad para que racional e integralmente retornemos al estado original del que nos separamos en la búsqueda de dicho reconocimiento.

Metidos sin embargo en nuestra recreación cotidiana que no son solo búsquedas místicas, esotéricas o artísticas, sino también científicas y  filosóficas consideramos que nuestros conocimientos nos permiten encontrar soluciones de vida, obviando que toda la desinformación que compartimos a diario como humanidad debe servirnos para reorganizarnos y así reconocernos como hijos del Creador llenándonos con ello de confianza y esperanza en Él. Es necesario entonces un retorno a la fuente original de la que nos habla la Biblia y a través de ella reencontrarnos con nosotros mismos, lo cual indica también el descubrimiento de nuevas ideas, de concepciones diferentes y de nuevas vías espirituales gracias quizá a un lenguaje renovado.

El Texto de Textos nos revela en Juan 12:36, “mientras tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de la luz”.

Oremos para que cada mañana la luz del Creador aclare nuestras vidas.