El Texto de Textos nos revela en Amos 4:12, “por tanto, de esta manera te haré a ti, oh Israel; y porque te he de hacer esto, prepárate para venir al encuentro de tu Creador, oh Israel. 13 Porque he aquí, el que forma los montes, y crea el viento, y anuncia al hombre su pensamiento; el que hace de las tinieblas mañana, y pasa sobre las alturas de la tierra; Jehová Dios de los ejércitos es su nombre”.

Para nadie es un secreto que toda acción tiene una reacción lo que de forma simple nos dice que si no respetamos las leyes y las reglas que de ellas derivan sufriremos las consecuencias de ello. Con lo cual debería resultar obvio que en medio de nuestras búsquedas egoístas que alteran el estado interior y exterior de las cosas, y fruto del irrespeto a los mandatos divinos nos aislemos del Creador, de nosotros mismos y de todo lo que significa vivir con y para Él.

La misma naturaleza nos denota que vivimos en comunidad y que nos debemos a esos semejantes a los que tenemos que darles lo mejor de nosotros, en una armonía que nos lleva a obtener incluso más de lo que necesitamos. Sin embargo y producto de que nos olvidamos responsabilizarnos de nuestros actos y sus efectos, genéranos una serie de desequilibrios que curiosamente en nuestras inconciencias se los abrogamos al Creador como un supuesto castigo por nuestras desobediencias.

La Biblia esta llena de historias en donde primaron nuestros deseos, apegos, abusos y actos contrarios a la Palabra del creador, los cuales nos han llevado a negarnos a aceptar que producto de nuestra desobediencia estamos donde estamos generando con ello todo un gran caos universal que siga iniciándose en nuestros corazones. Quizá por ello hasta la misma naturaleza actúa como una especie de juez para recordarnos que hay unas normas que incumplimos aun conociéndolas. Lo que requiere que todos nos comprometamos con un cambio personal que afecte lo general.

Valdría la pena que además entendiéramos que también somos responsables de los efectos de nuestros actos no solo en la formación de las nuevas generaciones sino en sus vidas, ya que ellos recibirán lo que nosotros estamos más que construyendo, destruyendo Lo que en términos trascendentes nos incita a ocuparnos más de ese nuestro estadio superior, un poco más de lo que a diario lo hacemos con nuestros distractores, vestimentas, ritos y adicciones.

Nuestra tarea diaria es simple: acatar sus mandatos y preceptos, esforzándonos para reencontrarnos con Él, convergiendo en un crecimiento espiritual, que nos permita coexistir como hermanos, dejando a un lado de una vez por todas esos desmanes milenarios que como humanidad, nos sigan llevando a sufrir los efectos de nuestras propias desavenencias.

El Texto de Textos nos revela en Hebreos 7:22, “por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto”.

Oremos para que la obediencia al Creador sea nuestro mayor logro.