El Texto de Textos nos revela en Números 6:23, “habla a Aarón y a sus hijos y diles: Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles: 24 Jehová te bendiga, y te guarde; 25 Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; 26 Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz. m 27 Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré”.

La paz implica un periodo de estabilidad gracias a un pacto o acuerdo, sin embargo parece que tras dicha búsqueda son más los engaños y desacuerdos que proliferan que el poder encontrarnos con esa armonía que sin pretender unificarnos si nos invita a complementarnos con nuestros dones y defectos. Lo triste es que pese a querer vivir en paz proponemos guerras como objetivos primarios, para supuestamente intentar desembocar en ese anhelo trascendente.

Desde lo personal hasta lo grupal parece que en vez de vivir en paz proponiendo nuestros argumentos y exponiendo nuestros contra argumentos, requerimos el imponer nuestros criterios, con lo cual no solo atentamos contra la misma diversidad natural, sino que además consolidamos reflexiones que pretenden estar en contra de los demás, cuando podemos estar a favor de un propósito común.

Desde una lógica Bíblica la paz empieza por respetar los preceptos y mandatos, como a la vez las autoridades, entendiendo que si todos nos guiamos por unas normas y unos acuerdos que propenden por el bienestar general, todos seremos beneficiados por estas, lo que no implica que tengamos que ser iguales, pero sí que debemos ajustar nuestras voluntades al plan del Creador para que no nos atropellemos unos con otros provocando esa amplia gama de conflictos que actualmente nos confrontan.

 

La guerra, esa que desafortunadamente seguimos enseñando en nuestras instituciones educativas gracias a que continuamos perpetuando esta al promover a esos lideres agrestes como grandes héroes dignos de imitar, nos debería ya haber enseñado que hay otros caminos mucho más coherentes para la búsqueda de zanjar nuestras desavenencias, siendo el dialogo herramienta fundamental para consolidar esa convivencia que prima sobre nuestras conveniencias.

Tengamos claro entonces que nuestra naturaleza y razón humana nos invitan a vivir como seres de inter relaciones que nos indignamos por las injusticias, lo que implica comprender que debemos colocar de nuestra parte para iluminar nuestras búsquedas y no dejar que sigan siendo algunas emociones adversas las que nos desorienten. Nuestras conciencias nos invitan a respetar unos acuerdos en donde los deseos de nuestros corazones llevan implícito el sabernos parte y no aparte de la Creación, para coexistir en paz.

El Texto de Textos nos revela en Juan 16:33, “yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo”.

Oremos para que encontremos la paz en medio de todas nuestras diferencias.