El Texto de Textos nos revela en Josué 10:13, “Y el sol se detuvo y la luna se paró, Hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos. ¿No está escrito esto en el libro de Jaser? Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero”.

Como seres imperfectos nuestras realidades deben reflejar dicho estado por lo que no es coincidencia que nuestros calendarios no coincidan y que aun los que consideramos más precisos, tengan inexactitudes que probablemente solo nos recuerdan nuestra lejanía con el Eterno. Por ello quizá es que nuestros tiempos no se articulan a los del Creador siendo necesario por ejemplo que calendarios como el del pueblo Judío que tiene años de 13 meses el shaná me’ubéret, שנה מעוברת ese sume año preñado o embolismal para que dicha metáfora que indica el mes agregado cual si fuera el feto de una mujer embarazada permita que los calendarios se ajusten medianamente a los ciclos de la tierra.

Para dicha creencia los métodos de institución de tal año se llaman, ibur, del hebreo עיבור, preñamiento y en castellano, embolismo, palabras que simplemente hacen referencia a la duplicación de un mes que para el caso de la nación de Israel es el mes de Adar. El cual se articula intercalando este nuevo mes de treinta días, con el nombre de Adar A, אדר א, Adar álef, antes del mes de Adar original.

Se dice que la principal razón por la que fue elegido justamente el mes de Adar para su duplicación es por ser el mes inmediato anterior a Nisán, el mes de la primavera, el de la salida de Egipto y en el que cae la Pascua judía, Pésaj, פסח, siendo además el mes de Adar el último mes del año antiguo, por ello históricamente se prefería hacer el agregado a fin de año.

Nuestro calendario solar en occidente tiene sus raíces en los conocimientos de astronomía de los babilonios, más incluso el lunar también habla de periodos de 19 años en que los novilunios y demás fases lunares vuelven a suceder en los mismos días del año, con diferencia de hora y media aproximadamente. Y aunque puede parecer una coincidencia no lo es, ya que los tiempos del Creador si son perfectos, más no los nuestros, así cada ciclo cuádruple de 76 años llamado calípico parezca en los calendarios ajustarse.

Lo que si nos debe quedar claro es que no tenemos la capacidad de medir con exactitud ni nuestros tiempos ni lo que sucede en nuestros días, incertidumbre que debería denotarnos la urgente necesidad de acogernos a los mandatos divinos e incluso de intentar entender no tanto sus tiempos que lógicamente son eternos, sino los propósitos de cada fecha para con esa Luz guiar nuestras vidas.

El Texto de Textos nos revela en Apocalipsis 20:5, “los demás muertos no volvieron a la vida hasta que se cumplieron los mil años. Esta es la primera resurrección”.

Oremos para acogernos más a los tiempos del Creador que a los de los hombres.