En un mundo en donde todo se nos fue dado, es sumamente egoísta suponer que algunos tienen derecho a disfrutar de más que los otros.

Una perla cotidiana nos enseña que “las pequeñas palabras agrestes pueden matar nuestros grandes sentimientos”.

Cuentan que el creyente repetía a diario: – más que el espíritu de la prosperidad que tanto se predica quiero que en mí reine el Espíritu de aquél que hizo todo para que nuestro ser prosperará.

El Texto de Textos nos revela en Romanos 8:28, “El Creador dispone de todas las cosas para el bien de quienes le aman”.

Valoremos nuestras COTIDIANIDADES… ¡Transformándonos!