El Texto de Textos nos revela en I de Samuel 13:14, “mas ahora tu reino no será duradero. El Creador se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual el Creador ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que el Creador te mandó”.

Aunque hablamos de espiritualidad a menudo, no parece que tengamos claro este concepto, ello debido a que nuestras reflexiones regularmente no buscan ser guiadas por el Espíritu Santo sino que por el contrario nos orientan a otro tipo de dimensiones algunas tan artificiales y anti naturales que solo nos desvían del sendero del amor que nos propone nuestro Creador. Hacemos parte de un solo Espíritu unificado y dentro de Él todas las almas estamos vinculadas y en ese fluir concordamos con la fuerza del amor de Jesucristo que es la mayor ley que existe.

Y es que la espiritualidad no implica solo orar y menos el mantenernos alejados de los demás para evitar conflictos, sino la coordinación de nuestro ser que va más allá de sacar nuestra ira, tristeza y todos los resentimientos adversos de nuestro corazón, que como los demás obstáculos de nuestro camino espiritual nos aíslan de nuestros próximos necesitando comprometernos y unirnos gracias a esos mayores esfuerzos espirituales que hacen que nuestras interrelaciones estén acordes más que a nuestras expectativas a los mandatos y preceptos del Creador.

Lo que nos dice que la espiritualidad es un estado de conexión, de experiencia, con algo más grande que nosotros, un todo que debemos reconocer como nuestro Creador, aquel que se manifiesta a través de todo lo que nos rodea, si se lo permitimos, naturaleza que nos vincula a unos con otros, convirtiéndose dicho propósito en la parte más profunda y propósito para nuestras vidas. Por lo tanto, una persona espiritual es un ser que balancea, armónicamente sus interacciones ya que entiende que todos tenemos una misma esencia y una vida eterna por compartir.

La espiritualidad también significa sabernos seres interdependientes, por lo que si de algo debemos independizarnos es de nuestro ego, ese que no nos permite entender y menos aceptar la verdad y que por el contrario, nos mantiene esclavos e inhabilitados para apreciar las cosas desde nuestra esencia. Es por ello que no vemos todo lo que nos rodea como realmente es, sino a través de ilusiones materiales alejadas de nuestra verdad espiritual.

La Espiritualidad es por lo tanto una relación de amor constante con el Creador, vibrando en su fluir, de forma sincera para reconocemos a nosotros mismos con toda su obra especialmente a través de Jesucristo. Por lo tanto cuando somos espirituales nuestra conciencia esta despierta y lista para amar en este continuo eterno presente de forma incondicional y sin ningún tipo de apego egoísta a todos y al todo.

 

El Texto de Textos nos revela en I de Corintios 2:14, “pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu del Creador, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. 15 En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. 16 Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”.

Oremos para que nuestra espiritualidad nos permita vernos alejados de nuestros egos.