El Texto de Textos nos revela en II de Crónicas 15:1, “vino el Espíritu del Creador sobre Azarías hijo de Obed, y salió al encuentro de Asa, y le dijo: Oídme, Asa y todo Judá y Benjamín: Jehová estará con vosotros, si vosotros estuviereis con Él; y si le buscareis, será hallado de vosotros; mas si le dejareis, Él también os dejará”.

Cada letra como símbolo dentro de nuestro lenguaje y los imaginarios que desde allí consolidamos nos ofrece diversos significados que hacen por ejemplo de símbolos Hebreos como Yod, י, decima en dicho alfabeto original, se relacione con el destino, una rueda de la fortuna que implica más que azar, suerte o lo caprichoso y hasta arbitrario que a veces se impone en nuestras vivencias unos aprendizajes dentro de esa gran rueda que cubierta por un velo según algunos creyentes nos reitera que si hay fortuna ella es ciega.

Por ello desde otra mirada esta simbología es cambio o una nueva orientación en donde el destino nos ofrece circunstancias de crecimiento y nosotros decidimos el cómo abordarlas para ese mejoramiento y transformación. Así que la incertidumbre e inestabilidad depende de nosotros y de cómo encontrar cambios positivos si así lo aceptamos en cada vivencia siendo solo nuestras expectativas las que nos generan sufrimientos ya que son ilusiones efímeras con tintes mercantiles que no tienen nada que ver con ese proceso de mejoramiento divino al que debemos someternos.

Por ello hay quienes ven en Yod nuestras manos y sus diez dedos extendidos para que con cada uno construyamos la fortuna que esperamos gracias a nuestra capacidad de actuar. Esa que requiere de la interacción con el mundo y la realización de la unidad, por lo que sea cual sea el resultado siempre podemos recomenzar teniendo en cuenta eso sí el plan general del Creador del que nos habla su Palabra. Así que el destino solo nos invita a renovarnos, a  avanzar, a partir de algo que se termina, pero con un nuevo conocimiento.

Así es como Yod explica también para otros el ideal de arrojar o lanzar, que es otra función de nuestras manos y desde esas creencias hay quienes desde ese singo visionan una expresión de amor, de dedicación que se le presta al prójimo y que nos indica la necesidad de inclinarnos en actitud de plegaria, con la esperanza que de rodillas sobre el suelo pero con el corazón y manos dirigidas hacia el cielo seamos atendidos por Él.

Lo que implica que la buena fortuna, no esta en una estrella especial sino en nosotros y nuestra responsabilidad para colocar nuestros dones al servicio de la creación asumiendo la diaria tarea de ser fieles a ese rol inter relacional al cual fuimos asignados por Él mismo y que pretende que propendamos por la armonía y unidad de todos, postura que muy pocos entienden y que casi siempre en sus egos los lleva a distanciarse más tras otros objetivos.

El Texto de Textos nos revela en Filipenses 4:19, “mi Creador, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”.

Oremos para que nuestra buena fortuna sea la que nos permita acercarnos e integrarnos al Creador.