El Texto de Textos nos revela en Ezequiel 2:3 “entonces me dijo: Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a una nación de rebeldes que se ha rebelado contra mí; ellos y sus padres se han levantado contra mí hasta este mismo día”.

Nuestro cuerpo tiene una cabeza que contiene un cerebro, una mente que piensa y que se cree se conecta con un alma que le da vida a toda esa corporalidad. Trinidad que desde otra mirada nos habla de unos padres, unos hijos y una familia, como una forma de denotarnos que aunque podamos percibirnos como entidades separadas somos uno. Así que no debe ser tan complejo comprender que tenemos un Padre y Creador que nos ve como sus hijos, a Jesucristo que se humano como nosotros para allanarnos el camino de retorno y que hay un Espíritu que se comunica con nosotros a diario.

Asimilar que Jesucristo es la revelación misma de ese Padre en nosotros mientras que el Espíritu Santo es Él mismo pero íntimamente vinculándose a nosotros es vislumbrar que a diario podemos quitarnos ese velo que nos separa de su ser y brillando desde nuestro interior lograr una mayor claridad para que ya no sean nuestros estrechos conocimientos los que nos guíen sino esa Luz que transforma la oscuridad de nuestro entendimiento.

Al releer las palabras del nuevo testamento queda claro que aquello hasta antes inexistente  o hasta inapropiado para las creencias del Antiguo Testamento llega para renovar nuestras mentes y denotarnos que cada letra de la misma Torá contiene referencias precisas tanto del Padre, del Hijo como del Espíritu, sin embargo seguimos presos de confusiones e interpretaciones que solo nos distancian aun más de Él y de sus mensajes.

Lo cierto es que siendo o no expertos en estas lides y leyendo o no las mejores traducciones de la Biblia, el Espíritu Santo a través de la oración nos revela que toda la información que incluso ya conocemos desde esos textos sagrados, nos invita más: a vivir en armonía, a amarnos los unos a los otros, a quitarnos el velo que nos mantiene oculto al mismo Creador y provocar con ese descubrimiento unas nuevas relaciones para nuestras coexistencias.

Tristemente mientras sigamos mal usando el nombre de nuestro propio Creador para nuestras búsquedas personales, desconociendo el amor del hijo y su misericordia para borrar nuestros pecados y acercarnos así como la importancia del Espíritu Santo para alejarnos de esa realidad oculta que difiere lógicamente en cada ser humano pero que en términos generales nos distancia de nuestro único propósito verdadero y de tener una relación profunda con nuestro Creador, las cosas seguirán igual.

El Texto de Textos nos revela en Lucas 5:24, “pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.

Oremos para que cada lectura bíblica nos acerque más y más a Él.