El Texto de Textos nos revela en Isaías 1:16, “¡Lávense, límpiense! ¡Aparten de mi vista sus obras malvadas! ¡Dejen de hacer el mal!”

Algunos grupos de superación de adicciones trabajan cada día para que solo por esas horas de ese día, dicha persona este limpia, sin importar tanto lo que pase a la mañana siguiente, ya que es el hoy lo que interesa para ese adicto que debe mantenerse en ese mismo propósito durante el resto de sus días. Desde esa mirada nuestras palabras diarias deberían ser sanas, sabias y limpias en pro de purificar nuestras coexistencias. Quizá por ello algunos intentan repetir a diario una serie de rezos que son considerados como sagrados y que no solo elevan nuestro ser sino que nos integran al mismo Creador.

Tras dichos objetivos debemos además no seguirnos llenando de inmundicias con las cuales retroalimentamos nuestros pensamientos, mentes, palabras, cuerpos y acciones ya que cada idea que tengamos al respecto de la vida debe incitarnos a relacionarnos más y mejor con los demás y entender que es el Creador, el que nos debe servir de sostén y hasta de protección para que esas interacciones sean más que armónicas en esa búsqueda espiritual. Solo por hoy, aquí y ahora expresemos y demos de lo mejor que tenemos.

Busquemos la pureza, limpieza que debe enfocarse hacia Él para que nuestras esperanzas, deseos, proyectos, planes, e ideales nos permitan a diario desintoxicarnos, desinfectarnos y evacuar todo aquello que desdiga de esas búsquedas que teniendo que complementarse con acciones sociales, laborales y profesionales pueden distraernos de nuestros propósitos transcendentes y absorbernos con todo tipo de elementos que se hace necesario desvincular de nuestras vidas.

Reenfocar esas nuestras diarias vivencias, nos invita también a que dejemos de recrearnos a través de enemigos ocultos, enfermedades que convertimos en crónicas, alejamientos, conflictos, deudas, en fin una serie de sufrimientos que disfrazamos de castigos, son solo producto de no sentirnos limpios a diario, gracias a los ríos de agua viva que nos ofrece nuestro Creador y que nos vinculan con su amor y todo lo bueno y bello que Él nos tiene preparado a cada instante.

Quienes contrariamente prefieren seguir limpiándose con ritos de esos que le abrogan a planetas como Plutón, deidad del inframundo, u otras posibilidades para limpiar su seres purificándoles de algunos males producto de costumbres mitológicas y paganas que solo le dan a nuestros imaginarios confusiones obvian que allí no esta el significado de justicia y mas bien al seguirnos bañando en esas impurezas y recreándonos en esas deidades inventadas cual si fueran benefactores y dispensadores de riquezas, solo estamos promoviendo falsas creencias de las que no podremos limpiarnos tan fácilmente.

 

El Texto de Textos nos revela en II de Corintios 7:1, “como tenemos estas promesas, queridos hermanos, purifiquémonos de todo lo que contamina el cuerpo y el espíritu, para completar en el temor del Creador la obra de nuestra santificación”.

 

Oremos para que nuestras palabras, pensamientos, acciones y omisiones enfocadas hacia el Creador nos limpien de nuestras diarias impurezas.