El Texto de Textos nos revela en Malaquías 2:10, “¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué nos portamos deslealmente unos contra otros, profanando el pacto de nuestros padres?”

Hay quienes suponen que en medio de los desequilibrios de algunos de nuestros sistemas la mejor opción es la de tomar una de esas rutas que regularmente conducen al individualismo en pro de lograr nuestra egocéntrica satisfacción personal, sin embargo allí se obvia lo positivo del bien y el cómo nuestros deseos de recepción cobran otro significado que en vez de distanciarnos nos acerca alejándonos pero del mal y de todo aquello que sin tener que ver con el otorgamiento del Creador, no es digno para nosotros ni para nuestras convivencias ya que atenta contra nuestra armonía.

Es por ello que encontramos en el día a día rupturas, conflictos que solo nos denotan que somos fragmentos de la Creación en donde hasta las mal llamadas crisis son necesarias ya que cada movimiento para generar equilibrio requiere de todas las polaridades para que esas partes se sumen y logren con sus intercambios la fuerza necesaria para que esas fuerzas fluyan dentro del mover universal.

Cada partícula de nuestra propia corporalidad nos demuestra que somos un solo ser. Uno que puede tener como en el caso del hombre y la mujer, un carácter y hasta responsabilidades diferentes, pero son esos contrastes los que a la vez nos incitan a complementarnos: a sumarnos. Incluso si comprendiéramos esa máxima evitaríamos hacerle a los demás lo que no nos gusta que nos hagan ya que de eso se trata el vivir en armonía de dar de lo mejor de cada uno en pro de ese bien estar.

Sin embargo el modelo competitivo que nos sofoca nos sigue incitando a no escudriñar a diario nuestras faltas para subrayar las que nos parecen más atroces en los otros, desmotivando al amor que requiere de misericordia y dándole fuerza es a nuestro ego y sus injusticias. El ser humano esta llamado a ver lo bue­no, lo bello y a enfatizar sobre eso, unidad que para con nuestros próximos se refleja en el amor al Creador, ese que Él depositito en cada molécula y que es esen­cia, en pro que desde este mundo nos integremos como una unidad, esa que somos.

No perdamos de vista que así como la unión de un hombre y una mujer trae hijos a su propia imagen, nuestro Padre Celestial unido a nosotros como Creación y Creador, como tierra y cielo, como cuer­po y alma, como espíritu y materia, nos lleva a reencontrarnos con su Presencia y su gloria, principal propósito de nuestra humanidad, por lo que más allá de convertirnos en fuerzas opuestas en contra de, trabajemos en favor de la vida.

El Texto de Textos nos revela en Colosenses 3:5, “por tanto, hagan morir todo lo que es propio de la naturaleza terrenal: inmoralidad sexual, impureza, bajas pasiones, malos deseos y avaricia, la cual es idolatría”.

Oremos para sabernos uno, con el Creador.