El Texto de Textos nos revela en Isaías 44:24, “ Así dice el Creador, tu Redentor, que te formó desde el vientre: Yo el Creador, que lo hago todo, que extiendo solo los cielos, que extiendo la tierra por mí mismo; 25 que deshago las señales de los adivinos, y enloquezco a los agoreros; que hago volver atrás a los sabios, y desvanezco su sabiduría”.

Se dice que nuestras palabras se perpetúan en el tiempo, tanto, que algunas de ellas logran penetrar las almas de las personas que se afectaron pos sus efectos casi que eternamente. De allí la importancia de usar nuestro lenguaje de la mejor manera posible; agradando la vida de todos aquellos con los que convivimos. Incluso valdría la pena entender que con la misma boca que bendecimos y alabamos al mismo Creador no es coherente que maldigamos de nuestros próximos y de la vida.

Incluso quien cree que las palabras se las lleva el viento debe entender que ese viento recorre todo el planeta por lo que no solo afectan a esos seres cercanos sino también a miles de personas y a un universo que coexiste gracias a todos esos intercambios que partieron de la misma Palabra de nuestro Creador en la cual nos debemos recrear. Por lo que seguir mal usando esta herramienta de vida no es lo más coherente que podamos hacer.

Nuestros pensamientos se expresan con palabras y esa comunicación es la que nos coloca en común, en comunión, incluso la que nos permite vivir como comunidad con lo cual debemos proponernos que nuestros pensamientos que se consolidan gracias a esas palabras sean lo más positivos y proactivos, para que nuestras acciones reproduzcan dicho enfoque, de lo contrario es muy probable que todos esos conflictos que le abrogamos a terceros solo sean el producto de lo que con dicho lenguaje consolidamos día a día.

Nuestras palabras sin embargo solo logran interpretar y explicar un pequeño porcentaje de lo que acontece a nuestro alrededor producto que con ellas simplemente podemos imaginarnos apartes de toda la inmensa realidad que nos acompaña y de la cual desconocemos casi todo, producto de ese lenguaje finito y limitado con que interactuamos y que solo nos permite capturar a nivel de percepción una mínima posibilidad programada en nuestras mente y sus imaginarios de todo lo que reconocemos como vida.

Así que en medio de conceptos finitos y sesgados, no podremos entender ni siquiera lo que es el correcto funcionamiento de nuestro propio cuerpo. Lo que hace que esa nuestra estructura física, siendo finita y limitada, sea coordinada más por nuestro inconsciente reprogramado, que a su vez reproduce esos pensamientos estrechos y un lenguaje muy condicionado, siendo muy pocas nuestras certezas al respecto de todo lo que a nuestro alrededor acontece ya que ello se deriva de una magnitud infinita, esa en donde incluso no existen magnitudes por lo que poco o nada podemos entender lo que es la eternidad.

El Texto de Textos nos revela en Mateo 24:35, “el cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán”.

Oremos para que nuestras vidas sean más simples.