El Texto de Textos nos revela en Isaías 60:2, “porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá el Creador, y sobre ti será vista su gloria. Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento”.

El concepto de luz se entiende como un agente físico que permite a los objetos ser visibles, por ello dicho termino hace mención a la claridad que irradian los cuerpos o la corriente eléctrica, como también a todo aquello que sirve para alumbrar. Luz que transformada en energía nos permite ver lo que nos rodea y que con su radiación electromagnética genera movilidad al propagarse en formas de ondas en cualquier espacio, siendo capaz de viajar a través del vacío a una alta velocidad.

Son conceptos que aseguran que la energía luminosa genera saltos de los electrones en los orbitales de los átomos, movilidad que nuestros ojos no captan y que algunos microscopios nos denotan para expresarnos que esas pequeñas partículas que se encuentran en nuestro espectro electromagnético hacen parte de nuestras existencias, con lo cual si tuviéramos una visión más espiritual captaríamos cual cámaras fotográficas especiales otra serie de ondas que incluso medidas desde la velocidad de la luz son improbables que siquiera nos las imagináramos actualmente.

Así que aun sin entender ese espectro y la luz como energía podemos visionar desde lo fisico material parte de esa energía cambiando con ello la visión actual de nuestro mundo para con esas nuevas luces enfocarnos ya no en lo artificial y lento de nuestras abstracciones y sesgadas percepciones, sino en nuevas imágenes que acompañadas de esa visión espiritual nos arrojen nuevos símbolos que le den a esta humanidad unos conceptos diferentes a los que por nuestra incoherencia e ignorancia hoy reproducimos.

Con ello no estamos descalificando esa luz artificial que tanto nos distrae e ilumina nuestras metrópolis y mega ciudades con sus efectos de neón, sino que desde esa misma mirada entendamos que hay una Luz Superior mucho más potente que incluso la del sol y es la de nuestro Creador para que con los descubrimientos espirituales que vayamos obteniendo a diario conquistemos nuevos horizontes interiores, esos que nos llevarán a superar la misma velocidad de la luz y a no ser más afectados por este nuestro estado físico material.

Seguir obviando y dejando a un lado esa luminosidad de la que tenemos destellos en nuestro ser interior es un craso error, ya que con ello solo seguimos actuando inconscientemente tras impulsos nerviosos emocionales, que entre otras cosas, alteran nuestra capacidad reflexiva, lo que en su trasfondo nos demuestra el por qué todo lo que presuponemos como estrellas artificiales nos atrae más y más, quizá especulando que con ello también podemos retornar al cielo del que estamos más que extraviados.

El Texto de Textos nos revela en Juan 17:24, “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo”.

Oremos para que la luz verdadera ilumine nuestros desconocimientos.