El Texto de Textos nos revela en Ezequiel 36:26, “os daré un corazón nuevo y pondré Espíritu nuevo dentro de vosotros”.

Nuestra vida esta llena de paradojas por ello, al ser conscientes físicamente de percibirnos como seres finitos y fragmentados también debemos sospechar que existimos en otros estadios o dimensiones en donde nos integramos a un más a espacios en donde la energía infinita que nos dio vida, nos guía e incita a que nos sepamos parte de ella, visión que aunque llamamos de diferentes formas nos insinúa que no salimos de la nada y que nosotros como creyentes debemos confiar plenamente en ese Creador nuestro Padre.

Asumir que somos sustancialmente partes de una totalidad y por ende hijos del Creador nos sirve entre otras cosas para anestesiar esa soledad que fruto de percibirnos aparte regularmente nos sofoca, para reproducir un vacío que afortunadamente llenamos a través del vinculo perfecto al que reconocemos como amor, el mismo que le da importancia a la existencia de esos otros, alejándonos a su vez de todas esas ilusiones prefabricadas en nuestras mentes que por momentos nos hacen percibir nuestra trascendencia como algo casi improbable.

Afortunadamente ese amor celestial del que sabemos muy poco, pero que en su fluir nos alienta y guía, nos ayuda a aportarnos incluso en esos momentos en donde obviando que somos eternos nos dejamos llevar por la temporalidad de algunas circunstancias y deseos. Y es allí en donde Jesucristo como fuente de amor nos enseña a vincularnos como próximos, como hermanos, gracias a que Él nos liberó de ese pecado que nos aislaba hasta de nosotros mismos.

Se trata entonces de colocar en movimiento todo nuestro ser de forma integral gracias al estudio profundo de la Palabra del Creador y empezar con la guía del Espíritu Santo a generar una nueva conexión con ese mundo, en donde con nuevas imágenes más fraternales nuestros propósitos florezcan para evacuar algunos de esos pensamientos abstractos que nos llevaron a idealizar un modelo de vida competitivo y engañoso.

Somos hijos del Creador y como tal nuestros énfasis de vida no pueden seguir dejándonos esclavizar por un mundo de ilusiones y engaños, ocultos a la verdadera Luz y confundidos tras los rayos que produce el sol, adorándole como equivocadamente lo hicieron nuestros antepasados, quienes por ello se mantuvieron de alguna manera ligados a este pensamiento bipolar enfermizo que aun hoy nos quita nuestra armonía.

El Texto de Textos nos revela en Apocalipsis 21:7, “el vencedor heredará estas cosas, y yo seré su Señor y Creador y él será mi hijo”.

Oremos para integrarnos cada vez más al Creador.