El Texto de Textos nos revela en Levítico 22:8, “no comerás animal que muera o sea despedazado por fieras, contaminándose por ello; yo soy el Creador”.

Hay creencias que nos distancian de la posibilidad de crecer, proceso que más allá de lo físico implica integrarnos a la Luz del amor eterno que se debe adherir a nuestro ser de forma natural, armónica y holística, por lo que hasta la misma naturaleza y los animales que de ella compartimos nos demuestran que al vincularnos de forma directa o indirecta tanto con lo que nos forma como con lo que nos rodea, estamos dejando de ser pequeños fragmentos separados para hacernos partes del todo.

Todo nos enseña y aporta, incluso hasta aquellas confusiones históricas que nos han llevado a imitar a otras especies vivas especialmente en lo que tiene que ver a sus modelos de subsistencia, nos aportan, así esa visión equivocada contrariamente nos siga llevando a distanciarnos, en la búsqueda de proteger exclusivamente una manada, cuando realmente somos mayordomos del universo y cumplimos ese rol para el mundo.

 

Es claro que especies vivas como la rata, el buey, el tigre, el conejo, el dragón, la serpiente, el caballo, la cabra, el mono, el gallo, el perro y hasta el cerdo, nos han aportado y dado insumos de crecimiento, pero no para convertirlos en influencias directas que afectan nuestro destino. Seguir en esos mundos de encrucijadas no nos ha permitido valorar la importancia de la Palabra la cual nos invita sobre todo a cultivar la sinceridad, honestidad, confianza, educación, servicio, valentía, en fin, a tener decisiones correctas y coordinadas para que nuestra voluntad propenda por el crecimiento integral y holístico propio y de nuestras comunidades.

Si queremos aprender de esos entornos hagámoslo más, teniendo como orientación las relaciones que debemos alcanzar con nuestros próximos, alejándonos de tantas pretensiones y vanidades para incluso por fin, después de tantos siglos, sabernos iguales a todos, considerándonos además hermanos, colocando desde dicha perspectiva todos nuestros conocimientos al servicio de un bienestar general en donde prima la vida.

Vivir en armonía con el todo implica también que a medida que crezcamos como seres de amor y Luz lo que se traduce en seres humanos que propenden por agradar las vidas de todos los demás seres vivos, reproduciremos en sus cotidianidades unos modales que esten llenos de fraternidad, los mismos que harán que nuestras diarias labores no sean solo para obtener unos frutos materiales sino sobre todo para enaltecer nuestras coexistencias y las de toda una Creación que nos ha dotado de dichos dones.

 

El Texto de Textos nos revela en Hechos 10:9, “al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea para orar, cerca de la hora sexta. 10 Y tuvo gran hambre, y quiso comer; pero mientras le preparaban algo, le sobrevino un éxtasis; 11 y vio el cielo abierto, y que descendía algo semejante a un gran lienzo, que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra; 12 en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo”.

Oremos para que el aprendamos de todo ser vivo al respecto del amor del Creador.