El Texto de Textos nos revela en Génesis 3:6, “y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales”.

Nuestros imaginarios nos llevan a desear y ello a su vez a tener necesidades y satisfactores lo cual convertimos en una serie de tentaciones que a su vez nos llenan de ilusiones algunas de las cuales al no coincidir con nuestros anhelos y expectativas convertimos en desilusiones y depresiones, circulo vicioso que hace que hoy por hoy estemos inmersos en sociedades consumistas que han entregado el don precioso de la voluntad al mundo de los deseos mercantiles que solo nos consume.

Visión que llevada al concepto hebreo original que proviene de la palabra dáat, conocimiento, es muy diciente para expresarnos que no estamos usando bien este don, simple y llanamente porque seguimos retroalimentándonos del árbol equivocado con frutos tentadores. Termino que en su analogía describe la unión marital entre Adam y Eva por lo algunos eruditos consideran que dicho árbol unió el bien con el mal logrando que en nuestros seres aquellos temas morales que hasta ese momento eran objetivos, pasaran a ser para nosotros más que subjetivos.

Tentación que nos lleva a desobedecer, a hacer lo incorrecto, logrando con el paso del tiempo una confusión moral que nos aleja cada vez más de nuestro estado de perfección y nos coloca en una intersección nefasta entre lo intelectual, lo emocional y lo espiritual, en donde nuestras inconciencias se turban con las abstracciones que reproducimos producto de tantos desconocimientos, generando en nosotros y en parte de lo creado todo una metamorfosis que hace que hasta los frutos de los arboles que representan nuestros niveles de placer dejaran de ser en parte accesibles a nuestra especie.

A partir de nuestra desobediencia es que buscamos un placer y unos deseos más allá del conocimiento y servicio a nuestro Creador, dependiendo de un estado físico que hace que esos deseos nos mantengan insatisfechos y llenos de tentaciones, atados al mundo de las ilusiones que disfrazamos de desilusiones al esclavizarnos a una dimensión en donde las necesidades dejaron de ser básicas para atarnos al mundo de lo superfluo.

La tarea que deberíamos asumir es la de ser obedientes a los mandatos del Creador para que a diferencia de nuestros padres originales, logremos cumplir con algo tan sencillo como el no comer de ciertos frutos, aislándonos de esas nuestras tentaciones y deseos que nos han mantenido por muchos siglos esclavizados a una serie de imaginarios y engaños de los cuales debemos, ya no tanto satisfacernos egoístamente, como sí el hacernos mas conscientes para poder empezar nuestro camino hacia nuestro estado original.

El Texto de Textos nos revela en Hebreos 4:15, “porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”.

Oremos para que nuestros deseos y tentaciones sean solamente el volver obedientemente al Creador.