La imperfección nos invita regularmente a buscar la perfección a través del único perfecto lo que se traduce en la necesidad de depender siempre de Él.

Una perla cotidiana argumenta que “la mentira más que manchar los labios de quien la dice opaca la conciencia de quien la oculta”.

Cuentan que el creador escogió a Jonás sabiendo que huiría, a David con la certeza que cometería adulterio, a Pedro reconociendo que le negaría, a Judas aduciendo que lo traicionaría y ello debido a que nuestras debilidades no le escandalizan, Él sabe de nuestros defectos y allí es donde Él nos fortalece”.

El Texto de Textos nos revela en I de Juan 3:3, “y todo el que tiene esta esperanza puesta en Él se purifica, así como Él es puro”.

 

Valoremos nuestras COTIDIANIDADES… ¡Transformándonos!