El Texto de Textos nos revela en Números 19:20, “Y el que fuere inmundo, y no se purificare, la tal persona será cortada de entre la congregación, por cuanto contaminó el tabernáculo de Jehová; no fue rociada sobre él el agua de la purificación; es inmundo”.

Nos cuesta mucho reconocernos como hijos del Creador y más aun el interpretar todo lo que ello significa, máxime cuando estamos rodeados en un mundo material plagado de impurezas que incluso poco reconocemos, pese a que desde lo físico con un simple lavado de manos se nos denota ello, debido a que el polvo y mugre se adhieren a nuestra piel, por lo que deberíamos encontrar propuestas para purificarnos tanto física, mental como espiritualmente, siendo esta última dimensión la que quizá menos atendemos pero en la que más deberíamos trabajar si es que aceptamos nuestro llamado.

Santificación que puede iniciarse con espacios de reflexión y crecimiento, seguramente por ello los Sabios Judios establecieron para el mes de Adar, antes de Purim, hasta llegar a Pesaj, cuatro shabatot especiales en los que se leen, además de la parashá correspondiente al Shabat, una porción de la Torá diferente como Maftir estas cuatro jornadas especiales son el Shabat Shekalim, el Shabat Zajor, el Shabat Pará y el Shabat haJodesh con lo cual se busca que cada quien encuentre allí una oportunidad de ir preparándose espiritualmente para las celebraciones de Purim y de Pesaj.

En estos shabatot, después del maftir especial, en lugar de leer la haftará correspondiente a la parashá semanal, se lee una haftará diferente, relacionada con el ese maftir. En Shabat Pará, que es posterior a Purim, o sea tres semanas antes de Pesaj y la semana anterior a Shabat haJodesh se lee la sección de la Torá en donde el maftir es Bamidvar, una parte de parashat Jukat que para ese caso habla sobre el sacrificio de la Pará adumá o la vaca roja cuyas cenizas se utilizaban para la purificación.

Hay diversas leyes al respecto de la purificación que en aquel entonces eran necesarias para aquellas personas que estuvieron en contacto con un cuerpo muerto como requisito indispensable para poder entrar al Beit haMikdash y ofrecer el Korban Pesaj, el cordero ofrecido como sacrificio en Pesaj y también era una norma básica de higiene, que incluso les preservó de enfermedades y la diseminación de plagas. Enseñanza que además nos denota que debemos purificarnos revisando nuestros actos y evaluar el cómo acercarnos más al Creador gracias a los insumos que nos ofrece en su Palabra.

Hay días especiales en que deberíamos colocarnos a parte de nuestras rutinas y estar así prestos para sabernos hijos del Creador y por lo tanto útiles a su obra, fechas que cada vez deberían ser más, en donde nos permitamos colocar en práctica sus preceptos y mandatos sabiendo necesario el purificarnos, más que con ritos o actos especiales, con reflexiones que nos inviten a una vida más fraternal y servicial en donde le aportemos a nuestros próximos de esa espiritualidad y no les contagiemos de nuestras impurezas.

El Texto de Textos nos revela I de Tesalonicenses 4:7, “Porque el Creador no nos ha llamado a impureza, sino a santificación”.

Oremos para que cada día estemos más puros y cerca del Creador