El Texto de Textos nos revela en Éxodo 2:10, “y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo prohijó, y le puso por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué”.

Hay palabras que para algunas personas tienen un significado más amplio del normal que para otras y desde esa mirada cada nombre o denominación tiene que ver con una representación imaginaria para ese ser, lo que no desdice que pueden existir otros significados que trascienden ese mismo concepto, quizá por ello en el Pentateuco se encuentran para algunos solo descripciones de nuestro Creador y de la forma como Él se hace conocer de nosotros desde la misma época de Moisés.

El debate entonces no es sí este escribió o no estos textos o si el Creador se lo entrego todo ya listo con las tablas, sino el cómo cumplir con esos mandatos para poder seguir siendo guiados a través del desierto hasta nuestra tierra prometida logrando que  nuestro peregrinaje trascienda aquellos espacios y días, en esa búsqueda que algunos hebreos denominan el Parshat Tetzavé o sea valorando esas enseñanzas como debe ser.

Sin embargo confundidos en nuestras interpretaciones de los mismos textos en vez de interconectarnos como pueblo del Creador obedeciéndole sus preceptos preferimos alejarnos. Lo triste es que nosotros como creyentes tenemos hoy de forma más palpable la guía del Espíritu Santo que nos ofrece el suficiente entendimiento para no depender de algunos de los ritos allí planteados sino que al leer el pentateuco con sus tradiciones ya no tan originales revestirnos de la misma sabiduría para reconocer en esa voluntad divina nuestro mayor propósito.

Cada letra y versículo de la Biblia contiene los destellos de luz de la esencia Divina, por lo que gracias a su relectura, oración y guía del Espíritu Santo se enciende nuestra voluntad para que nuestros pensamientos, palabras, actos e incluso omisiones estén acordes a lo que allí se preceptuada provocándonos por ende una intrínseca relación con Él quien a través nuestro irradia sus rayos para iluminar los entornos a los que se lleva dicha sabiduría.

Así que como nos lo enseño el mismo Moisés en esos cinco libros, subdivididos en cincuenta y cuatro Parshiot, necesitamos vincularnos más y más con el Todopoderoso, relación que nos lleva a entendernos como sus hijos fraternos y gracias a esa extensión de su amor a través de nosotros reconocerle como el único Ser Supremo, bebiendo de esta forma a cada instante de esa fuente de agua viva que es la Palabra del Creador.

El Texto de Textos nos revela en Mateo 17:1, “seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Él”.

Oremos para que cada que leamos la Biblia el Creador ilumine nuestras vidas.