El Texto de Textos nos revela en Génesis 25:1, “Abraham tomó otra mujer, cuyo nombre era Cetura, la cual le dio a luz a Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa. Y Jocsán engendró a Seba y a Dedán; e hijos de Dedán fueron Asurim, Letusim y Leumim. E hijos de Madián: Efa, Efer, Hanoc, Abida y Elda. Todos estos fueron hijos de Cetura. Y Abraham dio todo cuanto tenía a Isaac. Pero a los hijos de sus concubinas dio Abraham dones, y los envió lejos de Isaac su hijo, mientras él vivía, hacia el oriente, a la tierra oriental”.

Estudiar a fondo nuestra cronología nos podría llevar a atender mejor toda esa historia que de alguna forma aun nos cogobierna y con ella ordenar no solo todos esos hechos históricos que nos antecedieron sino los efectos de estos hoy en nosotros. Y es que atendiendo nuestra genealogía podríamos especificar no solo los aportes sino las deficiencias legadas por nuestros antepasados, lo cual consolida lo que somos como especie, esa que inicia su proceso con Adam y Eva y continua nuestras raíces con Noé y luego Abraham.

Desde dicha rama genealógica hay quienes proceden de Hagar como fruto de la impaciencia de Sara su esposa. No olvidemos que de dicha esclava egipcia nació, Ismael, quien aunque no fue hijo directo de la promesa, si se le prometió una gran nación en las tierras de Canaán de las cuales se cree nacieron Nebaiot; luego Cedar, Adbeel, Mibsam, Duma, Massa, Hadar, Tema, Jetur, Nafis y Cedema,  en fin 16 hijos, hoy 21 naciones árabes con casi 200 millones de personas.

Mas la promesa del Creador con respecto a un heredero llevó a que Sara tuviera en Isaac el cumplimiento de esta, genealogía que con su cronología gracias al pueblo Judío, inicia con Jacob y sus doce hijos entre los cuales hay una mujer, Dina. Historia y comportamientos de estas tribus que han estado ligadas a muchas circunstancias complejas producto especialmente de su desobediencia, característica humana y fruto del pecado original que enmarca a buena parte de nuestros antepasados. Con todo y ello el Creador ha sido fiel a sus escogidos hasta la fecha.

Más todo parece indicar que los creyentes o gentiles hacemos parte del tercer grupo de hijos de Abrahán, con Cetura luego del fallecimiento de Sara, siendo estos seis hijos el origen de otro grupo de castas en donde ya no todas son árabes. Razón de peso para que se asegure que de estos proceden las otras razas que pueblan nuestro mundo. Sin embargo al estudiar la cronología Bíblica no se puede desconocer a los descendientes de Noé en Jafet, así como los de Cus, hijo de Cam, de Aram hijo de Sem y de Joctán también hijo de Sem, más lo importante es no perder de vista que todos de una u otra forma somos hijos del Creador.

Como creyentes o gentiles debemos entender gracias a este tipo de insumos conceptuales la importancia de sabernos hermanos y coherederos y aunque supongamos que no existe una consanguinidad directa, si hay una afinidad, que incluso nos une a Jesucristo quien a través de la fe y gracias al Espíritu Santo nos convierte en elegidos dándonos cabida no solo dentro de esa cronología Bíblica sino en el cielo.

El Texto de Textos nos revela en Efesios 2:11, “por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisos por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. 12 En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin el Creador en el mundo”.

Oremos para comportarnos como verdaderos hijos del Creador.