El Texto de Textos nos revela en Jeremías 31:3, “desde lejos el Creador se le apareció, diciendo: Con amor eterno te he amado, por eso te he atraído con misericordia”.

Dependemos de conceptos como el tiempo y el espacio sin los cuales no podemos siquiera explicar nuestra existencia por lo que llévanos estos incluso en nuestras muñecas cual esclavos, con todo y ello no podemos negar que nos encontramos en un presente continuo eterno en donde el pasado pareciera ser lo único real, ya que cuando ese tiempo ingresa a nuestro ser es capturado por nuestros sentidos y en ese instante que ya ocurrió y que se deja atrás nace el efímero futuro en la dimensión de la ilusión y expectativas, que regularmente no concordaran nunca con nuestras realidades espaciales.

Bajo esa mirada deberíamos variar nuestras prioridades para percibirnos como seres eternos, sin tiempo, visión que podría sustentarse en preceptos como los de tiempo infinito o duración infinita de la vida, aislándonos así de medidas y juicios que dentro de un no tiempo nos alejan de lo trascendente, lo que ha llevado a algunas filosofías a hablar de un aquí y ahora continuo en donde cada vivencia denota que debemos integrarnos es a la Creación.

 

Desde esa perspectiva la Séptima Sefirá del Árbol de la Vida Netsaj, Eternidad, נצ, debe entenderse como una victoria, sobre esa polaridad activa o quizá pasiva que nos domina y predomina incluso sobre nuestros pensamientos más mundanos, esos que nos atan a tiempos, espacios, a la misma materia y nos hacen permanecer anclados a las esferas en donde nuestras emociones y los sentimientos regularmente adversos que de allí se desprenden, nos enceguecen para no poder entender lo que es eterno.

Se trata de hacernos cada día más conscientes de nuestras inconciencias intentando que esa inteligencia oculta en la que coexistimos, si se nos permite el termino, nos guie para que el esplendor refulgente de las virtudes divinas que se manifiestan a diario a nuestro alrededor puedan ser percibidas, ya no tanto por los ojos del intelecto temporal, como si por las contemplaciones que reconocemos como Fe atemporal.

Vivimos en continuas transformaciones lo que nos invita a visionarnos tambien como seres humanos con un principio y un final es cierto, pero a la vez como seres que probablemente deberíamos fijar nuestros límites en el integrarnos con el Creador para que desde esa lógica mensajes como: el no ser, la nada, el vacío y otra serie de conceptos que nos angustian y llenan de incertidumbres, ya no nos afecten debido a que nuestro ideal trascendente se el integramos a la unidad plena del ser a nuestro Creador.

El Texto de Textos nos revela en Apocalipsis 1:8, “Yo soy el Alfa y la Omega – dice el Señor nuestro Creador – el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso”.

Oremos para que la visión de lo eterno ilumine nuestros días.